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"Nadie en su miserable vida de hombre ha conocido una mujer estúpida"

Leo el titular de una entrevista a Caitlin Moran, célebre columnista de la prensa británica: “Quiero que las mujeres puedan ser tan estúpidas, perezosas, tontas y simples como los hombres”. Descontemos la elección de esta frase por una periodista obligada a epatar a sus lectores y la astucia de la entrevistada para darle a su colega española un titular a la altura de los tiempos. Estos titulares ya no llaman la atención, salvo a las parroquianas en busca de munición de bajo calibre humorístico. Declaraciones como la transcrita se asumen como verdades. Nadie en su miserable vida de hombre ha conocido una mujer estúpida, perezosa, tonta ni simple. Ni se le ocurra decir lo contrario, mi querido primate marichulo, que ya le veo venir. Es usted el típico machito criado en la vieja escuela al que todo este asunto pilló con el pie cambiado. A ver, enseñe las manos. Lo que imaginaba: usted no ha limpiado un plato en su vida. Sí, lo sé: no le pareció tan mal la bofetada oscarizada. De hecho, pensó que usted en el lugar de Will Smith hubiera hecho lo mismo, pero no lo dijo en público, que nunca se sabe. Es más, si usted saliera en defensa de su mujer, sabría cómo abofetear de verdad. No sé, le veo nervioso, a su alrededor todos los hombres que conoce juraron por Snoopy que jamás habían golpeado a nadie, y usted tuvo que poner cara de cuadro abstracto y preguntarse si acaso durante su juventud fue un sociópata. Por su retina desfilan rostros de mujeres que ha conocido de cerca, mujeres admirables, duras, tiernas, amables, inteligentes… Pero no puede (¡no puede!, he ahí su condena, mi querido primate) olvidar aquellas mujeres, es decir personas, que fueron estúpidas, perezosas, tontas y simples. No necesariamente todo a la vez. Y ha conocido hombres buenos, inteligentes, necios, indolentes y profundamente estúpidos. Personas, en definitiva. ¿Personas? Sí, personas, se dice mientras cabecea como un enajenado. Todas ellas tenían algo en común al margen del sexo, eran, antes que nada, personas. 
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