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Diario de un convoy | Día 1

Y San Fermín nos cubrió con su manto

El colegiado navarro continúa contando en Diario de Navarra sus vivencias como miembro del convoy humanitario de SOS Ucrania que partió el domingo para llevar material sanitario al país

Qué Pamplona es una de las ciudades más bonitas de España puede resultar poco objetivo si lo dice un orgulloso pamplonés como yo. Es obvio. Pero que tenemos sitios, lugares y tradiciones que hacen que se te erice la piel de una manera especial, como en muy pocos sitios te puede ocurrir, es una realidad.
Cuando sales de casa, cuando partes para un largo viaje, para una aventura, a trabajar, a estudiar…, es inevitable vivir despedidas más o menos especiales, pero siempre emotivas. A todos los lectores que les haya tocado vivirla en algún momento de sus vidas seguro que saben a qué me refiero. El alejarte por un tiempo de tus seres queridos, no poder percibir sus abrazos, su compañía…, hace que nos llegue a invadir un sentimiento de cierta desazón que tarda en desaparecer de nuestro paladar.
Partió el convoy de SOS Ucrania, en misión humanitaria bautizada como “Esperanza 2”, en una fresca mañana de domingo (en Pamplona siempre hace fresco…) y, sin embargo, nunca tuve mayor sensación de calidez que esa mañana.
Familiares, amigos, compañeros del cluster SOS Ucrania, toda la expedición al completo, se arremolinaron a las puertas de la iglesia de San Lorenzo, el hogar de nuestro querido San Fermín. Ahí estaban ellos. Los que nunca fallan. La gente fiel, cariñosa y entregada que de forma incondicional siempre tiene la palabra adecuada, la lección inteligente, el abrazo cálido. Y ahí es inevitable sentirse orgulloso. Orgulloso de lo que uno tiene. Orgulloso del origen de donde viene.
Ahí es cuando uno siente esa sensación de enorme responsabilidad sabiendo que ellos viajarán contigo. Sabiendo que te acompañarán y que te cuidarán. Desde la distancia, pero siempre tan cerca… Faltaba el último detalle… faltaba nuestro querido San Fermín.
Entramos silenciosos en la capilla, recibidos de forma cariñosa por su párroco, y ahí estaba él. Imponente. Silencioso. Ahí estaba observándonos con su inconfundible manto rojo. Y fue inevitable emocionarse. Fue inevitable mirarle de forma cariñosa a los ojos, pidiéndole que nos echase su manto, que nos cuidase. Y justo en ese instante fue cuando se unió al convoy. Cuando nos lo llevamos, en forma de estampa, en nuestros vehículos. Y fue de esos momentos en los que se te eriza la piel y un escalofrío te recorre la espalda. Y notas que todo va a salir bien. Y sales de la capilla, aguantando las lágrimas, y sabes que todo merece la pena.
La tranquilidad de saber que tus compañeros de SOS Ucrania te van a cuidar, notar el abrazo cariñoso de tu gente, ver las lágrimas orgullosas de tu familia… Así fue la salida. Llena de cariño, de aplausos, de orgullo, mientras íbamos saliendo los coches uno a uno, mientras las sirenas de las ambulancias sonaban en el frío cielo pamplonés…mientras San Fermín nos cubría con su manto.
¡¡RESISTE, UCRANIA!
Eduardo Prieto Iglesias es árbitro
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