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Yuste

Avatar del Pedro CharroPedro Charro02/05/2022
Llovía a cántaros cuando llegué a Yuste, allí donde el poderoso emperador Carlos V se retiró del mundo a unas modestas estancias levantadas junto al monasterio Jerónimo, a esperar la muerte, aunque el tiempo que estuvo allí siguió al tanto de todo, pendiente de lo asuntos de su vasto imperio, y aun con meses de retraso a este lugar recóndito entre sierras y arroyos, llegaban las noticias desde las Indias, o las más cercanas de la cruenta guerra de Flandes, frente a unos herejes cuya obstinación no comprendía, o del doloroso enfrentamiento contra el papa Paulo IV, que también era guerrero, e incluso informes sobre la mejor defensa de la reciente Navarra. Aunque la mayor parte de su tiempo Carlos se entregaba a labores piadosas y guardaba un luto inconsolable por la muerte de su esposa, la reina Isabel, no le abandonó su pasión por la comida y por la cerveza, pues siempre fue un gran glotón, como es sabido, para desesperación de sus médicos, y tampoco desistió de su gran afición a la relojería y la construcción de ingenios hidráulicos y autómatas, apoyado en el insigne Turriano. La primavera había llegado a Yuste un año más con estas lluvias, y el campo había explotado por toda la comarca cacereña de la Vera con un esplendor inusitado, haciendo brillar las jaras de flores blancas, la retama y sus amarillos, el brezo y la lavanda, llenándolo todo de aromas. El emperador, según descubrí, llegó a recogerse para siempre a Yuste desde Gante, repitiendo el viaje que había hecho casi cuarenta años antes, cuando era un joven príncipe, que llegó a España a recibir la magnífica herencia de sus abuelos, los reyes católicos. Durante esos 40 años, como dicen su biógrafos, “había perseguido la gloria y después de haberla saboreado, se había convencido de que todo era vanidad”, una lección que casa muy bien con la modestia de estas estancias de Yuste, bien poca cosa, pero con un halo especial, pues son la metáfora de la impermanencia de todo, y de la necesidad de apartarse y centrar la vida en pocas cosas.
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