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"Igualará a los alumnos por abajo y facilitará el adoctrinamiento en detrimento de la ciencia"

La nueva ley de Educación, Lomloe o ‘ley Celáa’ minimiza hasta casi suprimir la repetición de curso en los alumnos de secundaria como herramienta para la selección, aprendizaje o mérito del alumnado. Los ‘repes’ en la escuela, la verdad, es que siempre han tenido mala prensa. Se les sentaba en las últimas filas de la clase donde formaban una especie de clan. A una edad en la que el desarrollo físico es tan rápido, un año estira el cuerpo y desborda las costuras. Así que el clan se hacía visible no solo por su habitual pasotismo de materias que les sonaban, sino también por los bigotillos y centímetros por encima del resto de la clase. Al final del año escolar, bien porque a fuerza de oír las mismas lecciones se las sabían o por benevolencia de los enseñantes, acababan pasando de curso. Pero en general el repetidor pronto salía del circuito educativo para trabajar con la familia o de aprendiz en algún oficio. La repetición de curso más que reforzar la voluntad de aprendizaje de los alumnos atrasados con relación al resto de la clase, lo que favorecía era la convicción de los padres de que el retoño no estaba llamado a seguir por el camino de los estudios. Por falta de vocación, de capacidad o interés. La ventaja era que antes de cumplir los 18 y perder un par de años o tres en el circuito educativo, dirigían sus pasos a un camino artesano o profesional, más útil. El propósito de la nueva ley educativa con su supresión de los repetidores parece ser dar oportunidad a los alumnos menos aplicados de seguir el camino de los estudios, tengan o no interés, capacidad o voluntad. Suponen que así, con preparación o no, podrán subirse al ascensor social. El objetivo es la presunta igualdad por encima de la formación, la competencia o la excelencia de las nuevas generaciones. Aunque lo absurdo del sistema educativo español ya extravagante por su afición al borrón y cuenta nueva, cada vez que cambia el partido en el poder, es que las comunidades autónomas ejercerán sus competencia para modificar la directriz general sobre los repetidores.
Así que un alumno podrá pasar de curso en La Rioja y tendrá que repetir en Castilla y León, por ejemplo. Un grupo de catedráticos, pedagogos, profesores, historiadores, filósofos, han firmado un manifiesto en un admirable ejercicio de perseverancia y combatividad para alarmar a los políticos del riego que semejante legislación educativa supone para la educación. Porque la barra libre y manga ancha que propone el social-populismo para reducir el fracaso escolar y facilitar el ascensor social, a su juicio, no logra sus objetivos sino al contrario porque rebajará la calidad, el esfuerzo, el mérito y los contenidos. Igualará a los alumnos por abajo y facilitará el adoctrinamiento en detrimento de la ciencia.
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