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"Los madridistas que de vez en cuando habitamos este territorio comanche, sufrimos en silencio las almorranas de los prejuicios"

Los madridistas que de vez en cuando habitamos este territorio comanche, sufrimos en silencio las almorranas de los prejuicios. Sólo alguna vez, y si la ocasión lo acredita, nos ponemos nuestra camiseta blanca para ir al gimnasio. Ah, si las miradas mataran… Como los drogadictos, los del Madrid nos reconocemos esbozando media sonrisa cómplice, y eso siempre alivia tanto rencor culé y rojillo. Sí, rojillo; no descubro nada nuevo. Estas últimas semanas han sido de regocijo absoluto. Muchos culés decían que su última esperanza esta temporada era que Guardiola, “uno de los nuestros”, eliminara al Real Madrid. Es un deseo de perdedores que les hermana con los atléticos. Poquita cosa. Quién te ha visto y quién te ve, culé. Uno vivió las remontadas de la Quinta del Buitre, pero aquellas gestas deportivas parecían haber quedado en la leyenda de lo que fue y no volverá, como cuando en las vitrinas del Bernabéu sólo había Copas de Europa en blanco y negro. Así que la eliminación, contra todo pronóstico, del PSG, Chelsea y Manchester City ha despertado el espíritu de un equipo de creyentes que se incorpora tras pasarle un camión por encima, por pura fe… Y talento. Sí, talento: seis goles al Manchester City de Guardiola; cinco al Chelsea y tres al PSG. Tres equipos cyborgs diseñados para ganar la Champions. La cuestión no era marcarle media docena de goles al Manchester City como hacerlo cuando todo parecía perdido. Yo mismo, tras el penalti marcado por el próximo Balón de Oro, no me lo podía creer. Lamenté no haber comprado petardos para que el vecindario supiera que un madridista habita en la balsa de unanimidad futbolística. Se ha repetido mucho la palabra “milagro”. La hipérbole sobrenatural la dejo para la prensa deportiva. La final será contra el Liverpool de Jürgen Klopp, tipo que me cae muy bien porque disfruta de lo que hace, como el Real Madrid. A diferencia del intensito Guardiola, que hace de cada partido un cruce entre problema de física cuántica y ensayo existencialista. Alló, París.
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