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El Rincón

¿Quién se lleva el gato al agua?

Ampliar El consejero de Educación, Carlos Gimeno (PSN), tras su antecesora, María Solana (Geroa Bai).
El consejero de Educación, Carlos Gimeno (PSN), tras su antecesora, María Solana (Geroa Bai).CORDOVILLA
Publicado el 15/05/2022 a las 06:00
El término político es el de “geometría variable”. Dícese de los Gobiernos que no tienen mayoría en el Parlamento y que, para sacar adelante sus proyectos, buscan los apoyos que necesitan en un partido o en otro de distinto signo dependiendo de cada proyecto. El Gobierno de Navarra encaja muy bien en esta situación ahora mismo. Pero lo que vivimos es una variante mucho más singular. Son los dos socios de la coalición del mismo Gobierno los que se las apañan por su cuenta, saltándose a la torera al otro socio cuando quieren. Y no pasa nada. Algo así como las “parejas abiertas” pero en términos políticos. Aquellas donde están permitidas otras relaciones y no se rompe por ello la primera y principal. Y en esta faceta, el Gobierno foral PSN-Geroa Bai-Podemos está haciendo un curso avanzado.
Educación, epicentro de los líos. Sólo hay que fijarse en el departamento de Educación, el epicentro de todos los líos en esta materia en el plazo de unas pocas semanas. Primero PSN y Navarra Suma han dado luz verde a una norma para consolidar a unos 350 profesores en el PAI, el programa de aprendizaje en inglés. Ese programa que Geroa Bai y Bildu rechazan de entrada porque desde su visión nacionalista de la vida lo único que tienen en mente es que no favorece la expansión del euskera, algo que ciega todo lo demás. En cambio para el PSN y para el centro derecha es un avance estratégico por consolidar un modelo educativo de futuro y con alta demanda.
Un par de semanas después es Geroa Bai quien apoya a Navarra Suma sin disimulo para asegurar los contratos de otros profesores, los de Religión, unos 160, que se quedan con menos carga lectiva fruto de los cambios legales. Una ley que el PSN ve ilegal por las dudas jurídicas que están sobre la mesa. Pero lo que late en el fondo de la posición del PSN es exhibir su laicidad. Esa que le impide recibir al Ángel de Aralar en el Palacio de Navarra, tradición arraigada y costumbrista como pocas, pero que, paradojas de la política, no supone inconveniente para cederle un coche oficial para que lo pasee por Pamplona siempre que no se entere nadie.
Con Navarra Suma detrás. En este cruce de intereses hay algo llamativo. El gozne que ha hecho aprobar ambas cuestiones sobre profesorado, PAI y Religión, ha sido Navarra Suma, la coalición que dirige el regionalista Javier Esparza. Recordemos que es la fuerza política que ganó las elecciones de 2019 (con 20 de los 50 escaños) y que se quedó fuera del Gobierno porque el PSN giró hacia el campo nacionalista a la hora de asegurarse la presidencia y gobernar. La misma fuerza que ha tenido problemas para encontrar su espacio singular en esta Legislatura, para construir un relato alternativo más allá de ejercer la pura oposición. Esa que, ahora, en Educación, de repente, puede presumir de haberse llevado el gato al agua en estos dos temas de evidente sensibilidad y calado ideológico.
¿Qué retrata esta situación tan volátil? Que la política no son sólo bloques monolíticos y cerrados, aunque la polarización en la que vivimos nos lo haga difícil ver de otra manera. Que también existe una geometría variable que puede gestionarse bien. Que llegar a acuerdos entre diferentes puede ser muy positivo si de lo que se trata es de defender los intereses que unen a los votantes de unos y otros, no de caer en conchabeos. Sobre todo en una comunidad donde las mayorías absolutas son cosa de la historia.
Porque es evidente que en temas educativos Geroa Bai está más próximo a Navarra Suma que al PSN en la defensa del modelo de la educación concertada (ahí están las ikastolas también). Y no sólo. También en impuestos, por ejemplo, como demuestra el PNV en el País Vasco.
En cambio, al hablar del modelo de desarrollo de Navarra (TAV, Canal de Navarra) y de un tema tan de fondo como es el concepto del autogobierno (Amejoramiento foral), el PSN se entiende mucho mejor con Navarra Suma que con cualquier nacionalista y por razones más que obvias, porque comparten el proyecto de una comunidad foral.
Lo frustrante es que la única línea roja de verdad, la que habría que sostener frente a Bildu por su pasado y su déficit ético, es la primera que se ha roto cuando es la última que debiera haber permanecido.
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