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"Todo el mundo a vueltas con ser feliz"

Avatar del Pedro CharroPedro Charro15/05/2022
El que se dedica a buscar la felicidad, nunca la encuentra, escuché a alguien. Tiene razón, me dije. Todo el mundo a vueltas con ser feliz, ¿en qué puede consistir? Entonces recordé un relato de Bashevi Singer escrito en yiddish, la lengua que hablaban los judíos de Centroeuropa antes de ser exterminados que, como la mayoría de los suyos, recrea el pequeño mundo de las aldeas, el gueto judío y las leyendas jasídicas. Allí, en Frampol, un zapatero llamado Abba, el último de una larga saga, cada mañana se sienta en su banquito a hacer zapatos a medida, atiende su encargos, y se cuida también de enseñar el oficio a sus hijos, les muestra que el pie derecho es mayor que el izquierdo y que hay que tener cuidado con el dedo gordo, y una vez al año regala zapatos a las viudas, hasta que un día su hijo mayor le dice que está harto del pueblo y la estrechez de su vida, y quiere emigrar a América. El padre piensa que el hijo se ha descarriado del camino recto, pero no puede impedirlo, y el hijo parte y con el tiempo los otros hermanos le siguen. Abba, mientras tanto, sigue en Frampol haciendo zapatos. Los años pasan. Su mujer muere. En su banco, mientras trabaja, se hace las grandes preguntas: qué es la vida y el tiempo, cuán lejos esta América, mientras el gato le mira. De pronto, todo salta por los aires, Hitler llega al poder, los judíos que pueden huyen. Moviendo cielo y tierra sus hijos logran llevarlo a América. La alegría al recibirlo es indescriptible. Celebran banquetes, conoce a su nietos, duerme en sabanas de hilo. Sus hijos han prosperado gracias al oficio que les enseñó. El viejo tiene todo para ser feliz al final de sus días, pero está triste, asustado sin querer hablar ni vivir. Un día, al abrir un armario, encuentra el viejo saco de herramientas que trajo de Frampol. Desde entonces se sienta cada mañana en un banquito y hace zapatos. Esa actividad fue su salvación, dice Singer. Rejuveneció. Fue otro. Pura alegría de hacer lo que uno sabe, de utilizar las manos o la mente en algo para los demás. Que me digan si no es la mayor felicidad.
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