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"Al contrario de muchas biografías que se escriben para justificar lo injustificable, esta buscaba lo contrario"

Avatar del Pedro CharroPedro Charro19/06/2022
Comí en Bilbao con una amigo un día de estos de mucho calor. Bilbao, el bocho, era un horno. A la terraza donde estábamos a veces llegaba una brisa cálida, sahariana, como si estuviéramos bajo una jaima. Este amigo me contó que estaba escribiendo su biografía, contando una vida que, como todas, transcurre en torno a unos pocos hitos, a unas personas y sucesos que nos marcaron. Si uno lo observa bien, todo se juega alrededor de unas palabras que nos gobiernan, por eso desatarlas es liberase y salir a campo abierto. En su caso, había vivido los años del final del franquismo, la militancia nacionalista transmitida celosamente en las historias familiares que se remontaban a la guerra civil, la retórica de una aflicción, de una derrota que exigía ser vindicada. Había tenido contacto con el mal y hasta pasado unos años en la cárcel. Allí, como sucede a veces cuando uno logra estar por fin a solas, sufrió un caída del caballo, y sus convicciones se vinieron abajo. Por la noche, insomne, se decía que estaba allí por algo en lo que ya no creía, pero a la vez sentía una gran serenidad, como si hubiera escapado de otra cárcel mayor. Fue esa ruptura con unos ideales que suelen atarnos de por vida, sean de uno u otro signo, lo que dio paso al segundo acto de una vida que tomó otros caminos, pero que jamás pudo desentenderse de ese comienzo. Como a muchos, ese segundo acto sirvió sobre todo para enmendar el primero. Lo que llaman ser uno mismo no es fácil. Se necesita valentía para hablar de los propios errores, para advertir, aunque nunca se consiga, a los que vienen detrás y se lo dije. Al contrario de muchas biografías que se escriben para justificar lo injustificable, esta buscaba lo contrario. En un momento dado, una copa se le rompió al cogerla y un cristal le cortó el dedo y le hizo sangrar. Callamos. Fue como si esa pequeña herida en el dedo nos salvase de las viejas heridas, del tiempo inmisericorde, mientras el viento seguía soplando y la gente pasaba rápido hacia alguna parte.
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