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Un país más empobrecido

El fuerte impacto de la inflación en las familias españolas desmiente cualquier visión triunfalista sobre la respuesta a la guerra de Putin, pese al esfuerzo de los poderes públicos

Avatar del Editorial DNEditorial DN05/08/2022
La inflación ya era un problema en España meses antes de la guerra de Putin. La invasión de Ucrania lo ha agravado de forma sustancial y desmentido los discursos oficiales que sostenían que su escalada no sería alarmante ni duradera. Con los precios desbocados tras haber crecido un 10,8% en el último año y sin garantía alguna de que hayan tocado techo, el Gobierno espera ahora que cierren el año con un ascenso medio del 7,8%. La traslación del fuerte encarecimiento de la energía al conjunto de la cesta de la compra ha devorado una parte del ahorro de las familias y supuesto un empobrecimiento generalizado; sobre todo, de los colectivos más vulnerables. Aunque se trate de una situación extendida por todo el planeta, su especial incidencia en nuestro país invita a una reflexión colectiva. No puede ser casual que los hogares españoles se hayan visto golpeados más del doble que los alemanes o los franceses por la espiral inflacionista que tiene en alerta al planeta. Son los segundos de toda la OCDE que han sufrido una mayor caída de su poder adquisitivo -un 4,1%-, según un informe de ese organismo correspondiente al primer trimestre del año, con la guerra recién comenzada. Solo Austria presenta una brecha mayor entre las naciones más ricas del mundo. Las medidas de apoyo adoptadas posteriormente por el Gobierno han mitigado, sin duda, los efectos del descontrolado tirón de los precios. Pero este no solo ha persistido, sino que la evolución en los países del área durante los últimos meses permite sospechar que la situación ha empeorado comparativamente en ese periodo. España parte con la desventaja de una inflación más elevada que la del entorno por razones estructurales, a lo que suma una negociación colectiva bloqueada, con aumentos salariales que están lejos de compensar un IPC fuera de control. La media en los escasos convenios firmados es inferior al 3%. El resultado es un apreciable descenso de los ingresos reales, que tensiona al límite las economías de las familias con menores recursos y que, de prolongarse, frenará en seco el consumo y la actividad.
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