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"El cabreo de Clinton y el olor mafioso del mundial"

"Me desanima que tantos directivos y deportistas españoles ejerzan de blanqueadores de imagen de los megariquísimos países árabes"

Avatar del Gabriel Asenjo Gabriel Asenjo24/11/2022
De la impresentable imagen que exhibe el Mundial de Qatar me quedo con un capítulo que no me repugna: el cabreo del presidente americano Bill Clinton en diciembre del 2010 y el paso por la cárcel de una parte de la jerarquía del fútbol mundial. La concesión de la Copa del Mundo a un país de apenas 300.000 habitantes le costó a la FIFA penas de cárcel o procesamientos a 16 de sus pesos pesados. Fue consecuencia de un resultado inesperado. Zurich, salón del veredicto final: 14 votos para Qatar y 8 para Estados Unidos. La cara que se le quedó a un burlado Bill Clinton y a sus acompañantes de Hollywood en Zurich resultó memorable en televisión. Engañados los americanos por las falsas promesas de voto de las gentes de la FIFA decidieron investigar en el hasta entonces santuario intocable del fútbol mundial (Sarkozy también ordenó cambiar el voto en favor de Qatar. Después capital catarí compró un ruinoso PSG). Cinco años más tarde, a requerimiento de EEUU, la policía suiza detiene en un hotel a siete directivos de la FIFA por varios delitos de corrupción para ser juzgados en Estados Unidos. Así tal vez se entienda mejor que el próximo mundial 2026 se jugará en Canadá, Estados Unidos y Méjico.
¿Boicot a este Mundial? Suelen resultar injustos para los deportistas los boicots que suelen decretar los políticos hacia acontecimientos planetarios como los Juegos Olímpicos, pero en este caso no me hubiera molestado que el deporte hubiese dado un portazo a una organización que vulnera mínimos derechos humanos, laborales, sexuales y de la mujer. Observando el desprestigio de este mundial creo que la FIFA, ni pasando por prisión, entiende nada de juego limpio y derechos humanos y es la principal cómplice de tantas vulneraciones inaceptables para Occidente por muchos balones fuera que lance su presidente. Es cómplice de no establecer mecanismos de supervisión ni de hacer cumplir los acuerdos firmados con el gobierno catarí.
Me desanima que tantos directivos y deportistas españoles, supuestamente progresistas, ejerzan de blanqueadores de imagen de los megariquísimos países árabes y, a diferencia de artistas internacionales, no hayan puesto ni media objeción a este Mundial que declara presupuestos de 200.000 millones de euros, 17 veces más que el último Mundial de Rusia, con salarios insultantes para emigrantes de países pobres con jornadas de 10 horas a 40 grados y con horas extra sin cobrar. The Guardián llegó a denunciar 6.500 trabajadores muertos desde el 2010, cifra que la monarquía catarí redujo a tres. La OIT denunció 50 muertos en el 2020. Y Amnistía Internacional solicita a la FIFA que compense a los trabajadores con 440 millones de dólares.
De todos modos, un acontecimiento que desprende tan mal olor, con testimonios y documentales que sonrojan, resulta muy complicado de parar. Y es que el fútbol resulta imparable en su reclamo de atención por decenas de razones desde el punto de vista de la comunicación. El fútbol es sujeto de interés público y comercial porque nos habla con un idioma no verbal, corporal, de fácil comprensión y su naturaleza competitiva está sujeta a patrones que la convierten en excelente mercancía periodística. Pensemos que el resultado o desenlace de un desafío deportivo no se conoce hasta el final de un periodo de tiempo agonístico y, entre tanto, el espectador mantiene una fuerte curiosidad emocional e, incluso, se viste con el uniforme de sus representantes, con lo cual el fútbol ayudaría a difuminar diferencias sociales, crea comunidad y alivia cierta soledad humana. Por otra parte, los seres humanos participamos de una necesidad de éxitos que nos los pueden proporcionar “nuestros” deportistas y, además, requerimos episodios de desfogue personal, catarsis, evasión y purga de emociones. (De alguna manera un campeonato como este tiene rasgos de discurso político y publicitario porque no pretende racionalizar emociones sino sentimentalizar las razones). Si nos fijamos, un partido de fútbol exhibe un repertorio de símbolos expresivos y de ritual emotivo, como una composición musical o la propia vida, con momentos emocionales de alegría, tragedia, euforia, placer o amargura.
Por estas y otras razones, los deportes que proponen una confrontación con otros ante un objeto de difícil dominio e imprevisible como una esfera están tan inscritos en la vida cotidiana de las gentes.
Gabriel Asenjo Dr. en Ciencias de la Información.
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