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Caravinagre, el kiliki casta que llegó de Valencia

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Caravinagre, el kiliki casta que llegó de Valencia
Actualizado el 09/07/2017 a las 06:00
E n 1941, el Ayuntamiento de Pamplona encargaba a los talleres Porta Coelli, de Valencia, la construcción de dos kilikis y dos zaldikos. Encargo que en el fábrica de imaginería festiva, con Vicente Rodilla al frente como artista consagrado a nivel mundial, se apuntó así: “dos cabezotas y dos caballitos”. El consistorio quería completar una comparsa renovada desde que en 1860, del taller del pamplonés Tadeo Amorena, habían salido el Coletas y el Barbas y los gigantes. En 1912, llegaban desde el estudio de Benito Escalera Patata y Napoleón.
Junto a Caravinagre venía el Verrugas. Aquí el mote fue fácil, por las protuberancias que tenía la figura en su cara. Pero, ¿Caravinagre?. El presidente de la Comparsa de Gigantes y Cabezudos, Mari Ganuza, conserva la documentación del encargo. “Y allí no figura ningún nombre. Así que suponemos que el apodo se lo pusieron las gentes de Pamplona”.
Y aquí ya nos metemos en leyendas. “Cuentan que entre los antiguos guardas de jardines, a los que se les llamaba ‘japis’, había uno que destacaba especialmente por su mal genio y le llamaban Caravinagre. La verdad es que no se andaban con bromas, que iban con escopetas de sal”, recuerda riendo el presidente de la comparsa. Mari también se aventura a la hora de explicar en quién se pudo inspirar el autor para construirle la cara. “Conservo una foto de Vicente Rodilla y aunque sería exagerado hablar de autorretrato, sí hay rasgos que se le parecen. Sobre todo la barbilla, ¡son iguales!”.
Y por cierto, los dos kilikis, aunque tengan más peso en la comitiva real de los gigantes que los zaldikos, salieron más baratos: 1.226,15 pesetas frente a 1.843. En los caballicos había poco espacio para la imaginación, no así en las otras dos figuras. “Se puede decir que, como buenos valencianos, tienden a lo grotesco, muy al estilo de los ninots”.
Mari Ganuza recuerda que cuando llegó a la comparsa en 1978 el “rey” entre los kilikis y los gigantes era Patata. “Pero en 1981 entró Koldo Larrea Apesteguía y fue él quién le imprimió ese carácter a Caravinagre. Hasta entonces no destaca del resto, pero con Koldo era gracioso verlo porque de pronto se cruzaba de brazos, o se paraba a descansar recostado en un coche o sentado en la acera. Era una visión diferente, y muchos sacaban fotos y fotos porque parecía una persona. Caravinagre es quién es gracias a Koldo y estos 22 años llevándolo”.
CATORCE KILOS
Y llevando 14 kilos encima de los hombros, los mismos que su hermano el “Verrugas”. “De los kilikis son los que más pesan pero no los peores de llevar. Los cabezudos, al ser más estrechos, resultan más agobiantes y si no te los pones bien te pueden hacer hasta heridas”, cuenta Mari Ganuza. “Aunque Caravinagre es de los complicados porque tiene la boca más pequeña que el resto y por lo tanto apenas se ve de frente y por abajo. Y si a eso le sumas que siempre está rodeado de gente cuesta mucho que siga el paso del resto”.
Además de Koldo Larrea, el hecho de haber sido protagonista de cinco carteles de San Fermín también ha contribuido a aumentar su popularidad. “Pero es que no sólo en Pamplona, que sepamos también ha sido imagen en fiestas de Avilés (Asturias), de alguien que vino a Pamplona y se quedó con esta cara tan peculiar y potente. De lo que estamos seguros es de que no hay más “caravinagres” en otras comparsas. Con la fama que ha cogido, seguro que nos hubiéramos enterado”, dice Mari Ganuza. Por no añadir que en aquellos años, las figuras se hacían de forma artesanal, no había moldes como ahora que permiten reproducir una cara hasta la saciedad.
Esa fama hace que se le reclame en actos más íntimos que pocos vecinos de Pamplona saben. “De vez en cuando vamos a los hospitales. Caravinagre no venía porque debido a la envergadura de su sombrero andaba mal para entrar por las puertas. Pero la gente siempre nos preguntaba por él, así que ahora nos acompaña”
En cuanto a su vestimenta de gala, luce su casaca verde de terciopelo, con chaleco a juego, pajarita blanca con pechera ribeteada. “Y así siempre salvo en 1960 cuando apareció con una roja”. Muchos creyeron ver alguna intención oculta en el cambio del vestuario, pero la realidad era mucho más simple. “El rojo es del Barbas y del Coletas y en el taller de costureros se confundieron. No hay más”, afirma Mari Ganuza.
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