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Kilikis

Juantxo Montoya: "Me enamoré de aquella cabeza, lo que vemos desde ella emociona"

Juantxo Montoya es portador del Verrugas desde 1983, la mitad de la vida del kiliki

Juantxo Montoya con el kiliki Verrugas, en una imagen del concurso de fotografía San Fermín 2014
Juantxo Montoya con el kiliki Verrugas, en una imagen del concurso de fotografía San Fermín 2014Cedida
  • Pilar Fdez. Larrea. Pamplona
Publicado el 10/07/2021 a las 06:00
Juantxo Montoya tiene solo una foto con un kiliki en blanco y negro. En casa. Se la hicieron cuando tenía 7 u 8 años y aparece en la imagen con sus dos hermanas y con Verrugas. Diez años más tarde, con 17, se presentó en la vieja estación de autobuses de Pamplona para preguntar cómo se podía apuntar en la Comparsa de Gigantes y Cabezudos. “No conocía a nadie, fui a ver, empecé como suplente y el devenir quiso que la primera figura que me tocó llevar fue el kiliki Verrugas”. Explica que se enamoró de aquella cabeza, un amor que perdura. 38 años suma como portador del kiliki verrugón. “Estos Sanfermines hubiera cumplido 40 años con él”, explica Juantxo Montoya Legaria.
Verrugas y Caravinagre suman varias coincidencias y Koldo Larrea, 23 años con Caravinagre, y él, también. “Los dos nacimos en 1966 y los dos estudiamos en Escolapios, uno en el aula A y el otro en la B, aunque hasta encontrarnos en la comparsa no nos conocíamos”, apunta Montoya. Subraya el ambiente sano que siempre ha vivido en la Comparsa, donde ha colaborado en la calle, pero también en la trastienda, varios años en la Junta o trabajando en el libro que se publicó en 1985, con motivo del 125 aniversario de la Comparsa. A pesar de que lleva 17 años en Madrid por motivos laborables, no ha faltado a una sola cita con Verrugas. “Ni en Sanfermines, ni en otras salidas, siempre me las he apañado para librar esos días”, confirma. Y es que sus vacaciones están supeditadas al calendario de las figuras de cartón piedra.
Hasta que llegó la sensación “extraña y atípica de 2020”. Parece que este año tendrán alguna cita. “Pero nuestro lugar está en la calle, arropados por la gente”, tiene claro. Evidencia, como tantos compañeros, cuánto ha cambiado la imagen de la Comparsa en la calle. “Vamos dos portadores por figura en kilikis y cabezudos, en los gigantes, tres. Recuerdo que al principio no me gustaba el primer turno porque había ocasiones en que no había absolutamente nadie esperándonos, ahora hay gente hasta cuando estamos pasando lista”, bromea. Y considera que “se está recuperando el ambiente sano, blanco”, algo que le agrada.
Durante muchos años y todavía ahora comparte al Verrugas con Javier Garayoa Canal. Son 14 kilos de cabeza, más el abrigo de telas contundentes. “Hay que correr, así que los meses previos es necesaria una preparación física porque son días intensos, con calor y aglomeraciones”. Constata que los dos kilikis este año octogenarios son los que tienen mayor diámetro de cabeza, los más ampulosos, algo que en más de una ocasión les ha puesto en apuros. “Los niños ven la cabeza tan grande y se creen que están a salvo, pero somos capaces de torcerla”, sonríe y está contento del carácter bonachón del Verrugas, de haber podido contribuir a que los pequeños le quieran tanto y más.
“Muchos niños, la mayoría, se asustan con los kilikis, pero hay que ganárselos poco a poco, con paciencia... al final cuando les ves acercarse y sonreír es algo muy bonito”, cuenta Montoya. Con 54 años, no ve lejos el retiro de la Comparsa. “Pero ya será después de la pandemia” porque lo que sí le gustaría es retirarse con las botas puestas. “No mucho más allá, al final es una evolución y vienen por detrás, hay ya gente nueva, más joven. En fin, pero por si acaso prefiero no decir nada”. Y se confiesa “un privilegiado”. “Solo se nos ven los ojos, pero lo que vemos nosotros es inenarrable, emociona, flotas”.
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