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San Fermín

La masificación. ¿Inevitable? ¿Mejorable?

Las grandes aglomeraciones de personas, especialmente agudizadas en algunos momentos, son seña de identidad de los sanfermines, pero ¿qué consecuencias ocasionan? ¿Cómo se gestionan? ¿Caben otros escenarios? ¿Hay opciones para el cambio?

Concierto sanferminero.
Concierto sanferminero.Garzón. Archivo
Publicado el 10/07/2021 a las 06:00
San Fermín prepandemia. Sábado. El reloj marca las 2 de la madrugada. Hace aún calor. Mucho calor. El día ha sido infernal. A la luz de la luna, retumban los oídos. La música suena fuerte en el concierto de la Plaza del Castillo, y suman decibelios las miles de personas que se arremolinan en el centro neurálgico pamplonés. Bailan, cantan, gritan... No cabe un alma. Distintos idiomas, distintas banderas, pero todos unidos en torno a la fiesta. Riadas de personas caminan en una u otra dirección con dificultad. Las pisadas hacen añicos vasos de plástico que inundan todo el suelo. Huele a orín. A sudor. Un camión del servicio de basura trata de abrirse paso a duras penas. A escasos metros, un grupo de franceses baila al son de ritmos africanos interpretados con mucha energía con cuatro bongos. El acceso a la calle San Nicolás, llena de bares, es un auténtico embudo. Imposible de atravesar. Bajar hacia la Estafeta se ve también complicado. Pero muchos no parecen estar de acuerdo y se lanzan a la aventura. Sin prisa, y a pequeños empujones, se van abriendo camino. La Plaza del Castillo, este sábado de madrugada sanferminero, parece una olla a punto de explotar. Y, aun así, cientos de personas, vaso en mano y con ganas de disfrutar, siguen llegando sin parar.
Este es solo un ejemplo de la situación de congestionamiento absoluto que en ciertos momentos viven las fiestas de Pamplona, trasladable a muchos otros. ¿Es inevitable esa masificación, algo intrínseco ya a San Fermín? ¿Cómo se gestiona? ¿Va a más? ¿Podría acabar con la esencia de las fiestas y su atractivo? ¿Puede diluirse de alguna manera? Varios expertos abordan estas y otras cuestiones desde su propia experiencia, en algún caso vinculada laboralmente de forma estrecha a esa masificación.
“NO ES POSIBLE ENTENDER FIESTAS SIN MULTITUDES”
Las cifras oficiales sobre el número de personas que concitan estas fiestas, conocidas en el mundo entero, son abrumadoras. La dirección general de Turismo del Gobierno de Navarra realizó un estudio de la afluencia turística a San Fermín mediante la monitorización de teléfonos móviles del 6 al 14 de julio de 2018. Cuantificó 519.398 visitantes únicos en el área de Pamplona y Comarca (193.497 navarros, 96.126 nacionales y 229.775 internacionales), que acabaron realizando en total 1.812.229 visitas a las fiestas. Por parte municipal, se cifraron en 1,33 millones los participantes en actos y actividades programados por el Ayuntamiento en 2019, cuando hubo una ocupación hotelera del 94% en el centro de la ciudad.
En definitiva, una ciudad de 205.000 habitantes que se llena hasta la bandera, especialmente en fines de semana. Y pese a saber de la existencia de esas aglomeraciones, ¿por qué seguimos todos acudiendo a los mismos espacios y a los mismos eventos a los que resultará tan difícil acceder, bien sea el chupinazo, la salida de las peñas, la despedida de los gigantes, el Riau-riau o la calle San Nicolás un sábado noche?
“Porque la fiesta no tiene que ver con lo normal, medido o estipulado, sino con la transgresión (por un tiempo razonable de todo ello)”. Son palabras de Josetxo Beriain Razquin, licenciado en Sociología y en Filosofía, y Catedrático de Teoría Sociológica en la Universidad Pública de Navarra (UPNA). “La sociedad precisa trastocar sus distinciones habituales y crear un ‘caosmos’ en lugar de un cosmos organizado. Toda sociedad vive de una combinación de tiempos ordinarios y extraordinarios, porque necesitamos una moratoria de la vida cotidiana. Porque somos ‘homo rationalis’ pero también ‘homo ludens’”, asegura.
Y añade el sociólogo que “no es posible entender las fiestas sin multitudes”. “La fiesta es el acto social por naturaleza, solo el sexo puede representarla en escala reducida, pero los principios son los mismos: el goce propio y del otro”.
Destaca que “la fiesta va incorporando nuevas facetas que integran a toda la colectividad”. “Niños, jóvenes y ancianos, animales y humanos, nativos y extranjeros, ricos y pobres, hombres y mujeres, aspectos sagrados y profanos... Es un ‘ e pluribus unum’ (en latín, ‘de muchos, uno’). Todos en tensión mutua constituyen a la sociedad como un todo que se regenera, que se fortalece”.
Considera además que la masificación, las aglomeraciones en fiestas, no tienen solución. Es algo que no se puede cambiar. “Quizás en el laboratorio se intenten producir humanos que solo trabajen y no hagan fiesta. De momento, no existen”, responde con ironía. “Necesitamos tocarnos. El toque socializador genera confianza, activa endorfinas, produce satisfacción y aleja las tendencias agresivas. La fiesta, la risa, es una sublimación de la agresividad”, dice.
¿CAMBIOS POR LA PANDEMIA? 
Y ahora, con la irrupción de la pandemia de coronavirus y las transformaciones sociales que ha generado, ¿podría cambiar en algo la situación, podría retraer a la gente a la hora de acudir a puntos multitudinarios, como antes? “La covid-19 supone un paréntesis de 24 meses, no el fin de la fiesta. Los Sanfermines son 204 horas cada 365 días. La pandemia nos ha obligado a doblar la distancia sin fiesta el doble, dos años, pero esto no es el fin. Volverá el año que viene después de una situación de gravedad social donde hemos tenido que aislarnos, sí o sí, para sobrevivir”, asegura con convencimiento.
“El civismo confuciano canalizado por el Estado chino es el que, de momento, ha demostrado una capacidad mayor para frenar la pandemia. Pero la fase actual de vacunación masiva es lo que realmente salvará a grandes masas de una muerte segura en todo el mundo. Como en otras pandemias, como la de la gripe española de 1918, lo superaremos gracias a la gran eficacia de las vacunas”, añade Beriain.
“¿Se pueden soportar dos años sin fiestas? Por supuesto. Durante las guerras se suspendieron fiestas, mundiales de fútbol, carreras ciclistas, juegos olímpicos... Y, sin embargo, el humano volvió a juntarse y a jugar lúdica y/o competitivamente con otros”, evidencia.
“LA MISMA GENTE ESTÁ AHORA MÁS REPARTIDA”
“Hay ahora menos masificación que hace unas décadas. No menos gente, pero sí más repartida a lo largo del día”. Lo defiende Manu Iribarren Aguerri, inspector de la Brigada de Proximidad de Policía Municipal de Pamplona. Vecino de la ciudad, agente desde hace 27 años y 15 de ellos trabajando en San Fermín en el turno de noche.
Y se explica. “Aparte de que demográficamente hay menos jóvenes y de que ahora la tendencia es la de disfrutar del inicio de las fiestas para luego irse de vacaciones, la masificación podría decirse que se ha diluido un poco pues se está en la calle en más franjas horarias que hace unos años, y que abarcan unas 18 horas. Desde la una del mediodía hasta las ocho de la mañana aproximadamente”.
Evoca cómo “hace 10, 20 o 30 años, la perspectiva era salir a cenar y alargar toda la noche”. “Ambiente nocturno puro y duro. Se nos llenaba el casco antiguo: Jarauta, Descalzos, Navarrería, San Gregorio, Plaza del Castillo... Y ahora no se nos abarrota de esa manera. Está lleno, pero se puede pasar y trabajar”.
Explica esta nueva circunstancia en que “hoy se disfruta mucho del vermut, comer, ‘tardeo’ y estirar hasta que aguante el cuerpo, y no solo en el centro, sino en distintos barrios”. “Es algo que se viene dando en la época más reciente, sobre todo en los últimos 4 o 5 años, que va a más, y que los hosteleros confirman. Es un proceso de cambio general, no solo en San Fermín. Para almuerzos y comidas están llenos, y en cenas suelen tener sitio libre. Antes el ambiente de juerga empezaba casi exclusivamente a la salida de los toros, y hasta las tantas, empalmando con el encierro. Ahora, eso no está pasando tanto”.
LA FRANJA HORARIA MÁS POTENTE 
En esta tesitura, la franja horaria de trabajo policial sanferminero “más fuerte” para una plantilla de unos 400 agentes se encuentra “entre las ocho de la tarde y la una de la madrugada”. “Es cuando más gente hay en la calle. Coincide todo un popurrí: niños con padres esperando ver los fuegos con un bocata, jóvenes que salen de los toros, los que aguantan desde el vermut, los que van a cenar, las barracas a tope... Y un sábado, todo eso acrecentado, claro, pues se suma la gente que viene de fuera”, apostilla Manu Iribarren.
“Más adelante, a partir de las 3 o 4 de la mañana, ya va la cosa de bajón”, confirma. “Sobre todo queda la gente adolescente o quien busca aguantar hasta el encierro. Y ya no se dan las masificaciones que podía haber antes en discotecas o locales más nocturnos, hasta las 6 de la mañana a tope. Incluso las de San Juan llevan años sin abrir en Sanfermines. No sabemos lo que vendrá ahora tras la pandemia”.
Respecto de los visitantes, afirma que San Fermín mantiene su tirón y que “en los últimos años se ven en la calle menos ingleses o australianos, se mantienen los estadounidenses, y se ven muchos franceses y un repunte de latinoamericanos, además de muchísimo visitante nacional (Aragón, Andalucía, Cataluña, Madrid...)”. “Ya no hay avalanchas de coches como las que había antes, pues vienen muchos en tren o autobús. Por eso no se ven aquellos enormes atascos por las avenidas Zaragoza, Guipúzcoa o Baja Navarra, ni hay grandes problemas de estacionamiento en la ciudad”, dice.
¿Cómo es el trabajo en una abarrotada noche sanferminera desde Policía Municipal? “Duro a nivel físico y psicológico”. Desde hace unos 15 años se realizan patrullajes a pie por el casco antiguo con grupos de 5 o 6 agentes, evitando el uso de vehículos policiales. “Algo que facilita el acceso a las intervenciones y ofrece a la gente una sensación de servicio cercano que se valora”, cree.
“Pero eso supone un desgaste físico serio, pues son 9 horas andando (unos 10-12 km a lo largo de la noche) con 6-7 kg de equipo encima, a veces con calor, con la multitud alrededor... En esos momentos tienes que centrarte en lo importante, peleas, agresiones sexuales, venta de drogas, conductas muy violentas... para garantizar la seguridad de la ciudadanía que está disfrutando”.
Defiende que, pese a la masificación, “no se suelen producir grandes enfrentamientos”. “Las peleas se van minimizando, si bien hay más problemas por los hurtos o la venta ambulante ilegal de alimentos”.
Indica la estadística que en los Sanfermines de 2019 hubo 2.005 denuncias atendidas entre todos los cuerpos de seguridad, un 5% más que en 2018 y un 63% de ellas por hurtos. Policía Municipal se movilizó ante 1.119 requerimientos ciudadanos, un 15% más. “Muchas veces no va relacionada la estadística con la masificación. Si hay más gente, habrá más incidencias, pero lógicamente debido a la propia masificación no se podrán detectar al mismo nivel que si hubiera menos personas”, cree.
LAS ZONAS DE BARES DEFINEN
 ¿Puede ofrecer sugerencias para ayudar a diluir la masificación? “Es algo complicado, yo no soy quién. Allá donde quitas gente, la mandas a otro lado, y el número seguirá siendo el mismo. Podrás diluir algo según donde organices espectáculos, pero a partir de la 1 o las 2 de la mañana, lo que define dónde está la gente son los establecimientos, y lo que funciona es ir al bar o a la zona de moda. Las zonas de masificación nocturna las marca la gente, los jóvenes sobre todo. Y nosotros tenemos que adaptarnos a ello”.
Y a esas aglomeraciones se suman otras consecuencias que son origen de conflicto como la generación de ruidos. Según el balance municipal de los Sanfermines de 2019, el Servicio de Sanidad Ambiental realizó 2.461 controles de ruidos en establecimientos y vía pública, y el resultado marcó como ‘puntos negros’ la calle San Nicolás, la zona superior de la Estafeta y la zona de terrazas de la calle Olite.
Cuestionado sobre aforos, destaca Iribarren que “hasta llegar la pandemia de covid-19 nunca se había valorado cuál era, por ejemplo, el de la Plaza del Castillo, algo que se hizo para poder controlar los momentos del chupinazo de los Sanfermines suspendidos de 2020 y 2021”. “Yo he estado muchos años en la calle trabajando y nunca he escuchado quejas por haber demasiada gente en la plaza. Quienes vienen, y los de aquí, tienen claro que la fiesta está en la calle y asumen ciertas incomodidades como el estar pegado a otro o el que pase una cuadrilla y te acabe mojando con un vaso”, sentencia.
“CONTROLAR LA AFLUENCIA, MEDIDA DE SEGURIDAD”
Unas fiestas como San Fermín, tan multitudinarias y con eventos tan especiales y concurridos como el chupinazo (51.500 asistentes en 2019 según el consistorio), los encierros (13.800 corredores), las salidas de la comparsa de gigantes y cabezudos (190.000 participantes) o los fuegos artificiales (382.000 asistentes), requieren de un operativo de emergencias y asistencia sanitaria a la altura. Un reto que anualmente se coordina y que conforman distintos estamentos y colectivos como Gobierno, Ayuntamiento, cuerpos policiales, bomberos, sanitarios, Protección Civil, DYA, Cruz Roja...
Para esta última organización supone, de hecho, organizar el dispositivo más importante del año. En 2019, en los últimos Sanfermines hasta la fecha, Cruz Roja dispuso de 350 voluntarios para las atenciones sanitarias. Asistió a 655 personas, principalmente en encierros (507 atenciones y 32 traslados a centros médicos).
“Todos los años se analizan entre todos los implicados, en reuniones previas y a posteriori, los riesgos y propuestas de mejora para las siguientes fiestas. Algo que ya ha permitido una mejoría bastante notable frente a los años 80-90, donde las condiciones eran bastante peores en el sentido de la masificación”, resalta Mikel Beunza Unanua, responsable de Socorros y Emergencias de Cruz Roja Navarra.
“De hecho, ya se han tomado medidas a nuestra manera de ver importantes como el control de limpieza de las calles y de acceso de vidrio al chupinazo, o el control que se hace en los encierros retirando a personas que no están en condiciones y el acceso al vallado”, enumera.
En las fiestas, Cruz Roja está presente en los encierros, el chupinazo y los fuegos artificiales, abre un puesto de socorros y aporta un hospital de campaña junto con Salud como “punto de primera atención sanitaria para no colapsar el centro Doctor San Martín y el complejo hospitalario”. También pone a disposición del dispositivo dos motos “para realizar atenciones de forma rápida en el casco antiguo, dado que debido al protocolo antiterrorista el acceso es más difícil”.
CHUPINAZO Y SÁBADO NOCHE, MOMENTOS COMPLEJOS
 Como punto más complejo de atención sanitaria, debido a la masificación, destaca el chupinazo, aunque “se han reducido las atenciones por cortes al establecerse el control policial de vidrio”.
¿Y cómo se trabajan las emergencias que surgen en el centro de la ciudad en un ambiente tan abarrotado como un sábado noche de San Fermín? “Con paciencia, tranquilidad y profesionalidad”, enumera Beunza. “Hay que ser conscientes de la situación en todo momento. Se viven momentos tensos por el estado en que se encuentran ciertas personas de euforia, de exceso de excitación, y por el volumen de gente alrededor en el momento de actuar. La inquietud por saber qué ha pasado de algunas personas impide en ciertos momentos actuar de la mejor manera posible”, afirma tajante.
Cree que los Sanfermines son, quizá, el momento del año que más estrés conlleva para el voluntariado de la organización. “Es un tiempo de exigencia debido al compromiso en cuanto al volumen de actividad concentrado en una semana y el número de voluntarios a organizar. Pero el estrés es algo que debemos tener asumido y controlado”, indica.
Entre las intervenciones más destacadas vinculadas a la masificación destaca “los tapones en el encierro, conocidos por todo el mundo”, el último en 2013. Actuaciones complicadas en las que “se colabora con Policía Foral y el personal de la Plaza de Toros”. “También se participa en los desalojos del chupinazo de forma preventiva, y en la atención de los casos de embriaguez, desmayos, etc. en la actividad nocturna del casco antiguo”, afirma.
¿Puede esa masificación hacer que las fiestas acaben perdiendo su gancho y su esencia? “Los Sanfermines no dejarán de ser conocidos. Otra cosa es que se controlen la afluencia y las aglomeraciones como medida de seguridad de las propias personas”, cree.
“DESTERRAR LA COSTUMBRE DE ORINAR EN LA CALLE”
¿Tiene efectos negativos colaterales la alta presencia de personas en el casco antiguo pamplonés durante 9 días de fiesta? El más evidente es la acumulación de suciedad. Otro, el daño que se ocasiona a diversos elementos de la ciudad, como los jardines. “Todos los años se aprueba un incremento de medios para limpiar la vía pública y recuperar zonas verdes”. Así lo destaca Óscar Esquíroz Noble, responsable del departamento de Conservación Urbana del Ayuntamiento de Pamplona. El sobrecoste supone unos 350.000 euros.
Invitado a presentar propuestas de cara a ‘redefinir’ próximos Sanfermines, considera que “sería bienvenido repartir la fiesta, el entorno festivo”, y fija en el área que le compete una asignatura pendiente vinculada al civismo. “El aspecto de mayor importancia que cabría desterrar para futuros Sanfermines es la costumbre lamentable de orinar en cualquier sitio salvo en los aseos, y eso que se aumenta su número. Traslada una imagen terrible por los charcos, las escenas y los olores. Seguimos teniendo numerosos puntos que exigen de limpieza y desinfección”.
Además, apuesta por “incidir en fomentar un empleo mayoritario de las papeleras en lugar de arrojar los residuos al suelo”. “El botellón se ha extendido e indiscriminadamente se deposita el residuo en cualquier sitio a pesar de la gran dotación de contenedores, cubos y papeleras existentes en todas las zonas”.
Su área, como muchas otras, está íntimamente ligada a ofrecer de Pamplona la mejor de las imágenes posibles para vecinos y visitantes durante las fiestas, trabajando a contrarreloj para recuperar múltiples espacios. “Los servicios de limpieza se programan anualmente y cambian ligeramente en función de las nuevas necesidades que surgen. El plan de San Fermín es un proyecto ‘vivo’ que se estudia y analiza con detenimiento”, incide. Y señala que el objetivo es que “la ciudad se encuentre prácticamente normalizada el 15 de julio”.
En los últimos Sanfermines, los de 2019, se recogieron 1,1 toneladas de basura, un 8,7% más que el año anterior y con un fuerte incremento del vidrio. En esas fechas, se emplean 230 personas y 50 máquinas para la limpieza frente a los 130 operarios habituales. FCC es la contrata adscrita al servicio municipal de limpieza. El sobresfuerzo alcanza aquí los 300.000 euros. Entre otros aspectos, cree que “se ha mejorado en los últimos tiempos el depósito de residuos en los contenedores, evitándose esas imágenes de hileras de basura en las calles con mayor presencia hostelera”. Asimismo, se destina anualmente una partida de unos 50.000 euros para labores de recuperación de jardines, arbolado y flores tras los Sanfermines, que se centran en el casco antiguo, los ensanches y el parque del Runa (recinto ferial).
SITUACIONES DELICADAS DE TRABAJO 
Destaca Óscar Esquíroz que “en los días laborables, con menor afluencia de personas por la noche, la eficacia del servicio de limpieza mejora notablemente”. No obstante, “el fin de semana sigue siendo complicado ejecutar los servicios por la gran cantidad de gente que hay las 24 horas en numerosas calles del casco antiguo”. “Se presentan en algunos momentos situaciones delicadas y/o peligrosas por el tránsito de nuestros equipos de limpieza (maquinaria y personal)”, indica. En la limpieza nocturna del recorrido del encierro, por ejemplo, son escoltados por Policía Municipal.
De cara a 2022, apunta a una “incertidumbre total” sobre los Sanfermines que nos encontraremos. “¿Tendremos menos afluencia de visitantes? ¿En qué medida cambiarán nuestros hábitos y costumbres por la pandemia? ¿Se seguirá consolidando el San Fermín ‘de día’ frente al San Fermín ‘de noche’, como ya venía pasando? Sea como sea, seguro que serán unos Sanfermines especiales”, sentencia.
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