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Salud

El búnker de la Clínica Universidad de Navarra que guarda la mayor arma contra los tumores

La terapia de protones promete una mejor calidad de vida para los pacientes con cáncer. La Clínica Universidad de Navarra tiene una unidad destinada a esta tecnología que ha llevado a Amancio Ortega a donar 10 equipamientos similares a hospitales públicos

Ampliar La enfermera Carlota Guibert Lacasa, el radiofísico Diego Azcona Armendáriz y el oncólogo Javier Aristu Mendióroz
La enfermera Carlota Guibert Lacasa, el radiofísico Diego Azcona Armendáriz y el oncólogo Javier Aristu Mendiórozcedida
  • Paloma Dealbert
Publicado el 04/05/2022 a las 06:00
Cuando un niño con cáncer llega a la Unidad de Protonterapia de la Clínica Universidad de Navarra (CUN), en la sede de Madrid, debe elegir un personaje de sus dibujos o superhéroes favoritos. El escogido da un aspecto más alegre a la máscara que usará durante cerca de un mes a diario, durante unos 20 minutos. Lo que desconoce es que detrás tiene un equipo de 50 personas comprometidas con un proyecto que, a diferencia de las terapias convencionales, además de intentar acabar con el tumor le otorgará mejor calidad de vida durante su vida adulta. Y que al otro lado del túnel inmaculado y luminoso en el que lo meten hay un aparataje de cerca de 140 toneladas que, sin embargo, el posibilita una precisión milimétrica en ese haz que incide sobre las células malignas. El equipamiento de la terapia con protones de la CUN es uno de los dos que hay en España. Empezó a utilizarse con pacientes en 2020, con la pandemia presente y apenas unos meses después de que lo hiciera el de Quirónsalud. Y las direcciones clínicas y físicas las encabezan dos profesionales de la Comunidad foral. Por la unidad han pasado 365 pacientes, 7 derivados del Servicio Navarro de Salud.
El oncólogo radioterápico Javier Aristu Medióroz y el radiofísico Diego Azcona Armendáriz se interesaron en aplicación de la protonterapia en Estados Unidos allá por 2005. Pero la inauguración de la sede madrileña de la CUN fue la marca de salida para que el personal empezara a viajar a la Clínica Mayo, en Rochester (estado de Minnesota), para completar sus estancias de investigación. “El principal beneficio que conseguimos con la protonterapia es no irradiar o irradiar mucho menos el tejido sano” explica Azcona, natural de Estella. Una característica anhelada, sobre todo, para los menores, en los que los efectos tardíos de los tratamientos pueden desembocar en problemas de salud y nuevos cánceres durante la adultez. Y en pacientes con tumores oculares o cercanos a la base del cráneo y en segundas terapias, en las que los cuerpos se han sometido ya a la radiación, recuerda Azcona, director físico de la unidad: “Tanto con fotones como con protones podemos conseguir la curación, pero con protones somos mucho menos tóxicos. Es curar pero con una buena calidad de vida, ese es el reto”. Además, la menor toxicidad permite “aumentar las dosis y, por tanto, aumentar las probabilidades de curación también”, continúa el radiofísico.
Protonterapia
ProtonterapiaCUN
Las propiedades de los protones posibilitan que los rayos afecten menos los alrededores de la zona tumoral y la energía del haz se concentra en esa masa de células, con su forma exacta, porque se dispara por capas, durante no más de 4 o 5 minutos. El resto del tiempo que pasan los pacientes en la sala es de preparación. La instalación del equipamiento ha requerido la construcción de un búnker con una habitación de tres pisos de altura y la implicación de 50 personas con distintos perfiles de formación. Hay más físicos (nueve) que médicos (seis). Uno de los motivos, la necesidad de estudios minuciosos para que el haz se proyecte de forma precisa y única sobre el tumor. Con los cálculos y los controles de calidad, el modelo para un paciente puede terminarse en unos 10 días, frente a la semana que exige la terapia convencional.
Con el paciente en el túnel, anestesiado y a primera hora de la mañana si es menor de 6 años, se vuelve a comprobar si las estimaciones coinciden con la realidad y unos paneles en la pared van escaneando la zona tumoral. Pero no verá más que la primera de las tres salas necesarias para alojar el circuito. Toda esta energía parte de una botella de gas hidrógeno, de tamaño similar al de un extintor. Con 20 litros de sustancia el acelerador podría funcionar unos 20 años.
De las moléculas de agua contenidas en este recipiente se extraen los protones, que se inyectan en un circuito acelerador denominado Sincrotrón. Un campo eléctrico aumenta su velocidad, ayudado por un sistema de imantado, hasta que los protones alcanzan el 60% de la velocidad de la luz, unos 180.000 km/s. Y a través de un tubo estrecho este haz pasa a la segunda sala, el enorme espacio de tres niveles de altura. El tamaño está pensado para que el Gantry, un brazo de 140 toneladas, gire y lo dirija hacia la posición exacta del tumor. “La robustez de la máquina es tremenda, está disponible el 98% del tiempo”, revela el doctor Aristu, director clínico de la unidad.
AMANCIO ORTEGA Y SU DONACIÓN
El funcionamiento y los nombres de los componentes de estos de equipamientos pueden sonar a ciencia ficción, pero la realidad es que en España se usan casi a diario desde diciembre de 2019. Y se espera que en un futuro próximo se multipliquen. La protonterapia resonó en los medios de comunicación a finales del año pasado, cuando la fundación de Amancio Ortega -el empresario que creó Zara- firmó un convenio con el Ministerio de Sanidad para entregar 10 equipamientos a hospitales públicos de Galicia, País Vasco, Cataluña, Comunidad Valenciana, Madrid, Andalucía y Canarias. Las comunidades autónomas asumirán los gastos de la instalación, mantenimiento y la gestión de los equipos.
Así actúa en el paciente
Así actúa en el pacienteDN
DOS NAVARROS AL FRENTE
En la CUN se utiliza la tecnología del grupo japonés Hitachi, con un coste de unos 40 millones de euros -financiados por un grupo de inversores-, pero el radiofísico estellés defiende que, aunque haya diferencias técnicas, el lograr el ha hace que con cualquier equipamiento de este tipo pueda conseguirse “un proyecto exitoso”. Azcona se dedica a la radiofísica hospitalaria desde hace cerca de 26 años, poco después de graduarse en Ciencias Físicas en la Universidad de Valladolid, cuando entró en contacto con la radioterapia en la CUN, en Pamplona. Pasó por una investigación posdoctoral en la Universidad de Stanford (EEUU) y con la puesta en marcha de la Unidad de Protonterapia trasladó su centro de trabajo. Su trato con los pacientes es más limitado que el del doctor Aristu, aunque sí recuerda, por ejemplo, que el primer pediátrico fue un navarro, como él, el doctor Aristu y la enfermera de la unidad Carlota Guibert Lacasa.
El oncólogo, pamplonés, reconoce que no le “costó mucho” asumir el reto profesional de liderar el equipo médico: “Me gusta mucho la innovación e intentar que los pacientes se curen con menos secuelas”. Se encargó de la puesta en marcha de las técnicas más avanzadas en tratamientos oncológicos, como la de intensidad modulada. Aristu combina la investifación y la docencia con la asistencia. Con los niños “el trato y la disposición” es un poco mayor y las familias están más implicadas, confiesa, pero está “ encantado de participar en que en unos años sea un adulto sin ninguna secuela”.
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