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Investigación

Navarra abre una vía para tratar el tumor cerebral más letal en niños

El CIMA y la CUN logran por primera vez en el mundo aplicar un virus modificado genéticamente contra este agresivo tipo de cánceres infantiles

Ampliar Marc García, Marta Alonso, Sonia Tejada y Jaime Gállego, los investigadores que firman el artículo.
Marc García, Marta Alonso, Sonia Tejada y Jaime Gállego, los investigadores que firman el artículo.CEDIDA
Actualizado el 29/06/2022 a las 23:05
El glioma difuso intrínseco de tronco es un diagnóstico terrible. Se trata del cáncer cerebral más letal en niños, sobre todo de pequeños entre 4 y 10 años, y sus posibilidades de tratamiento son bastantes limitadas. Una investigación de la Clínica Universidad de Navarra y el CIMA ha abierto una vía para que esto deje de ser así. Han tratado a doce pequeños con lo que llaman un virus oncolítico, modificado genéticamente para atacar a las células cancerígenas, y los resultados han sido mejores de lo esperado. Están lejos de poder curar este tipo de tumores pero es un paso adelante, que no es poco. Además se ha conseguido algo quizá más relevante. Los investigadores y cirujanos navarros han introducido ese virus en el cerebro de los pequeños a la vez que obtenían una biopsia del tumor, y han demostrado que ese procedimiento se puede hacer con seguridad. Eso es algo que se ha logrado por primera vez en todo el mundo.
Los resultados de este ensayo clínico, desarrollado íntegramente en Navarra, se han publicado en el último número de New England Journal of Medicine, la segunda revista científica de medicina de mayor impacto y prestigio. En su editorial, la publicación destaca el carácter novedoso del tratamiento con virus oncolíticos para este tipo de tumores y subraya la importancia de que se haya llevado a cabo un estudio pequeño y con una población bien seleccionada.
UN TUMOR DIFÍCIL
El tumor contra el que se dirige esta investigación se genera en las células gliales, las que estructuran el cerebro, y le dan soporte. En este caso, se encuentran en el llamado tronco cerebral, y eso complica especialmente el tratamiento. “Se trata de una zona muy sensible”, explica Jaime Gállego, especialista del Departamento de Neurología de la Clínica Universidad de Navarra y coordinador de su Área de Tumores Cerebrales. “En el tronco se encuentran las neuronas que se encargan de controlar todas las funciones de la cara, de la garganta… Problemas en esa localización llevan a fallos en la movilidad del rostro, en la deglución, en el equilibrio… Es una estructura extremadamente funcional”. Por eso, por el gran riesgo que supondría, es imposible operar para extraer un tumor que además es agresivo, que crece rápido y que no ocupa una zona bien delimitada, “sino que se entremezcla a lo largo del tejido cerebral”. La alternativa que manejan ahora los médicos es la radioterapia, con la que han conseguido a veces reducir el tamaño del tumor y mejorar los síntomas de los niños, pero siempre de forma transitoria. “Con el tiempo el tumor se vuelve resistente” y, en consecuencia, la mitad de los niños que la reciben no sobreviven más de un año.
Gráfico con las paetes del cerebro
Gráfico con las paetes del cerebroDN
En este ensayo lo que se ha hecho es por un lado una biopsia del tumor, tomar una muestra pequeña para analizarla. “Hasta hace poco no se realizaban, por ser una zona tan delicada, pero desde hace unos cinco años se ha empezado a biopsiar, lo que nos está permitiendo conocer molecular esos tumores y descubrir sus distintos subtipos”. Además, y esto es lo novedoso, han aprovechado esta biopsia, que se hace a través de una aguja muy fina, para infundir con el mismo catéter el virus preparado para luchar contra el tumor. “Buscábamos demostrar que esto se puede llevar a cabo. Siendo el tronco cerebral una estructura tan pequeña y tan sensible, daba miedo meter un virus. Había precedentes en cerebros adultos, más grandes, y en partes menos funcionales. Pero hemos demostrado que se puede conseguir en el tronco cerebral de un niño”, afirma Gállego.
Y eso era el objetivo principal del estudio, probar que era viable y seguro. “La toxicidad y las secuelas que se pueden atribuir al procedimiento y al virus han sido limitadas y moderadas”, dice Gállego. “Los efectos secundarios fueron dolor de cabeza, náuseas… Esos niños a los tres días habían vuelto a casa”, refrenda Marta Alonso, directora del Laboratorio de Tumores Sólidos Pediátricos del Cima y de la Clínica Universidad de Navarra.
VIRUS CONTRA TUMORES
El ensayo, que ha sido financiado por aportaciones de donantes, un proyecto del European Research Council (ERC-Consolidator, concedido a Marta Alonso) y por la propia Clínica Universidad de Navarra, quería dar un paso adelante en esta técnica. No ambicionaba curar esos tumores con el virus oncolítico, que había sido desarrollado en el laboratorio de Juan Fueyo y Candelaria Gómez-Manzano, del MD Anderson Cancer Center de Houston, y con quienes el Laboratorio de Tumores Sólidos Pediátricos del Cima y la Clínica Universidad de Navarra mantienen una estrecha colaboración. Eso, curar con los virus, es algo que todavía no tienen a su alcance. Pero lógicamente sí examinaron si habían tenido algún efecto. “La verdad es que fue mejor de lo que esperábamos. Lo digo con cautela, porque son doce pacientes, un número muy pequeño. Pero demuestra que hay que seguir investigando en esta línea, porque puede ser eficaz”, opina Gállego.
La lodosana Marta Alonso Roldán lleva buena parte de su vida trabajando en convertir los virus en aliados contra la enfermedad, en especial contra cánceres. Ella y su equipo utilizan adenovirus, que en condiciones normales apenas causan un catarro, pero que ellos saben transformar en un arma contra tumores. “Manejamos un virus, una plataforma llamada Delta-24-RGD, contra los tumores cerebrales pediátricos. Demostramos en el laboratorio que era un método seguro y eficaz contra distintos tumores, el difuso de tronco incluido. Eso nos permitió dar el salto al ensayo clínico”, señala Alonso.
Marc García, investigador posdoctoral en el laboratorio, corrobora sus palabras: “la experimentación en el laboratorio permitió desarrollar modelos animales de este tipo de tumor, y se demostró posteriormente que este virus es eficaz contra este tipo de tumor y que el efecto con la radioterapia puede ser sinérgico. Esta investigación nos ha llevado a aplicar este tratamiento en niños con esta enfermedad”.
Básicamente lo que hacen con esos adenovirus es quitarles un trocito de la información genética para conseguir dos objetivos. Por un lado, que se replique solo en las células que están en continua reproducción, que son precisamente las tumorales. Por otro, que infecten a los virus de un modo ligeramente diferente, a través de un receptor que es más abundante en las células cancerosas. Además, un objetivo añadido es que esos virus modificados sean capaces de reactivar al sistema inmunitario. “No solo van contra el tumor en sí, sino contra su entorno, que a veces es que el que hace que no funcionen los tratamientos. Se trata de ayudar a que se den señales al sistema inmune, de decirle que hay un tumor”.
Los resultados observados en esos doce niños les hacen ser optimistas. Cautos, pero esperanzados. “Ha aumentado la supervivencia media de estos niños en unos meses. No es el final del camino, queda mucho, pero sí el principio de un camino prometedor”, apunta Marta Alonso. “Este caso muestra la importancia de los ensayos clínicos y el valor de alumbrar nuevas vías de tratamiento para aquellas enfermedades que no tienen cura todavía”, añade Jaime Gállego. “Ahora toca intentar entender por qué pasan las cosas y cómo se pueden mejorar la eficacia de esos virus hasta acabar curando. Ese es el objetivo final”, concluye Alonso.

CLAVES
​Un tumor de difícil tratamiento Del tronco cerebral dependen muchas funciones corporales, por lo que la extirpación de un tumor que le afecte es demasiado arriesgada.
La biopsia, una técnica reciente Sólo en los últimos años los médicos se han arriesgado a recoger pequeñas muestras de estos tumores.
La introducción del virus, una novedad El ensayo navarro ha aprovechado la biopsia para inyectar un virus cuyos genes habían sido cambiados para infectar a células cancerígenas.

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