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Leyendas, monumentos y naturaleza privilegiada en la Costa Daurada

Descubre, recorriendo la línea de costa del Mediterráneo, su mística y rica historia envuelta entre montañas y atalayas

Ampliar La Cartoixa d’Escaladei
La Cartoixa d’EscaladeiCEDIDA/JOAN CAPDEVILA
Actualizado el 30/09/2022 a las 13:33
OFRECIDO POR TURISMO DE TARRAGONA
No solo de la gran belleza de sus parajes naturales vive la Costa Daurada, con sus cornisas, terrazas incrustadas en las rocas y atalayas espectaculares provocadas por los elementos o por la mano humana. Monasterios, ermitas, campanarios, faros y otras edificaciones emblemáticas se asientan como los puntos idóneos para observar todo el territorio.
Muchas de estas edificaciones son joyas aisladas en la naturaleza, pero otras pertenecen a rutas establecidas. Juntas, conforman las espectaculares vistas de la Costa Daurada y son una excelente forma de recorrer la rica orografía del territorio.

Cumbres que se posan en el mar

Las cristalinas aguas recorren la Costa Daurada a lo largo de 81 kilómetros en forma de playas, calas y parajes recónditos a los que, en ocasiones, solo es posible llegar a pie. Aunque el recorrido puede iniciarse en cualquier punto, es recomendable realizarlo de sur a norte, bordeando toda la costa. En primera línea de mar encontramos la comarca del Baix Camp, con municipios como L’Hospitalet de l’Infant o Mont-roig del Camp-Miami Platja. La ruta de esta comarca se articula por veinte municipios y es gestionada por el Consell Comarcal del Baix Camp.

La esencia del paisaje mediterráneo

En el municipio de l’Hospitalet de l’Infant y Vandellòs, el mirador está situado a pie de carretera, poco antes de llegar al núcleo de Masboquera; desde él se pueden vislumbrar las montañas de Tivissa-Vandellòs fundiéndose en el océano, un espectáculo digno de ver como una gran muestra de la esencia más pura del paisaje mediterráneo.
Diecisiete son los kilómetros que separan L’Hospitalet de l’Infant de Mont-roig del Camp, un municipio que tiene un punto de observación junto a un torreón en el núcleo de Miami Platja. La construcción, circular de nueva planta con almenas y aperturas, se ubica entre la cala de las Sirenes y la del Solitari, con un valor paisajístico de excepción que te invita a contemplarlo.
Pratdip debe su nombre a los ‘dips’, perros salvajes, lobos o el mismo demonio
Pratdip debe su nombre a los ‘dips’, perros salvajes, lobos o el mismo demonioAlba Mariné

Magia y leyendas

En el Baix Camp y dentro de la ruta de miradores se encuentra otra localidad con vistas inmejorables, Pratdip, puerta de entrada a la Sierra de Llaberia en la Costa Daurada. Esta localidad debe su nomenclatura a unos perros salvajes llamados ‘dips’. La leyenda cuenta que los agricultores hacían referencia a un lobo o incluso al mismo demonio, que dejaba la marca de sus colmillos en sus víctimas, normalmente animales de ganado. De esta forma, el pueblo pasó a ser conocido como el prado de los dips, y cada año tiene lugar una recreación en el Día de Todos los Santos.
También perteneciente al Baix Camp se halla La Mussara, en el término de Vilaplana, afamada por su belleza paisajística, sus vías de escalada e incluso por sus fantasmas. Abandonada desde hace más de medio siglo, su situación, sumada al clima, especialmente la típica niebla persistente de la zona, dio lugar a innumerables historias de hechos sobrenaturales, desde puertas a otra dimensión hasta apariciones divinas y desapariciones.

Biodiversidad a las orillas de la playa

Volviendo a primera línea de mar, la localidad de Salou ofrece 23 miradores, que conforman, en una propuesta del Ayuntamiento, una rica unión entre cultura y biodiversidad.
En esta zona sobresale el mirador de la Platja Llarga, que combina bosque mediterráneo, playa y mar; el de las Roques Puntxoses, por su riqueza geológica; y el de Mar i Pins por el modo en la que las montañas de Salou se adentran en el mar.
Mirador de Mar i Pins, en Salou
Mirador de Mar i Pins, en SalouPATRONAT MUNICIPAL DE TURISME
Además de la naturaleza, este lugar rebosa historias de bandoleros y piratas. Los corsarios tenían fijación por el puerto salouense, uno de los epicentros del comercio marítimo en los siglos XVI, XVII y XVIII. Para ahuyentarlos, emergieron las torres de defensa y, en la actualidad, el Mirador de Cala Morisca permite hacer un ejercicio para imaginarse tan terrible llegada. Retrocediendo aún más en el tiempo, el Mirador del Antic Moll remite al Rey Jaume I el Conquistador y a toda su flota, con la que salió desde Salou a la conquista de Mallorca en el siglo XIII, momento en el que todavía se encontraba en manos musulmanas.
El lugar exacto desde donde partió es la actual Cala de les Ferreries, las mismas costas desde las que hace 2.500 años oteaban los antiguos íberos en busca de conquistadores. El Mirador de Kal·lípolis homenajea y recuerda a este pueblo, del que se conservan restos, concretamente de una antigua ciudad ibérica en el Cabo de Salou donde comunidades formadas por cartagineses, íberos y griegos convivieron en armonía.

La presencia del modernismo

El reusense Antonio Gaudí fue una de las principales figuras del Modernismo en las primeras décadas del siglo XX. Y en la Costa Daurada se pueden visitar joyas modernistas, como por ejemplo el Museu del Celler de Vila-seca, una población a escasos cinco kilómetros de Salou. El edificio actual combina tecnología y tradición a través de una innovadora experiencia sensorial, visual y virtual de cinco minutos de duración.
Así, los visitantes pueden saber cuál era el proceso de la primera construcción del edificio por parte de su arquitecto Pere Domènech i Roura hace ya un siglo, y en la participación de los propios socios de la cooperativa. Este espacio funciona también para promover la cultura, con la programación de espectáculos y exposiciones.
Museu del Celler de Vila-seca
Museu del Celler de Vila-secaTURISME VILA-SECA
Alejados de la línea de mar pero aún en la Costa Daurada, encontramos en Els Pallaresos la sublime Casa Bofarull, obra del tarraconense Josep Maria Jujol, uno de los máximos referentes del Modernismo y discípulo del citado Gaudí. Este edificio se trata de una antigua masía agrícola anterior al siglo XIV que, gracias a este arquitecto, se convirtió en lo que es hoy día. Este genio empezó su intervención en 1913 y la terminó tras veinte años. La torre descubierta está abierta a los cuatro vientos y presenta diferentes vistas de los alrededores.

Una mirada a la Antigua Roma

Continuando la línea de playa y solo 12 kilómetros hacia el norte alcanzamos Tarragona, la capital de la Hispania Citerior en la época del Imperio romano y actual capital de la Costa Daurada. La Catedral de la ciudad se halla en la parte alta, en el antiguo templo del emperador Augusto. Consagrada en el siglo XIV, su campanario cuenta con una altura de 70 metros y dispone de 19 campanas fundidas entre 1250 y 1867, siendo la mayor de todas la denominada Capona. Desde el campanario se puede disfrutar una impresionante vista tanto de la propia ciudad como del horizonte, con barcos mercantes aguardando a entrar al puerto.

Los faros, la guía de los marinos

Otra de las atalayas más representativas levantadas por el ser humano es la de Torredembarra, a 20 kilómetros al norte, con su monumental faro. Diseñado por Josep Maria Llinàs, fue el último construido en el Estado español durante el siglo pasado, ya que entró en servicio el 1 de enero del año 2000. A una altura sobre el nivel del mar de 58 metros, el faro de Torredembarra posee la torre más alta de todos los faros de Cataluña. Además, el Patronato de Turismo ofrece visitas guiadas con reserva propia.
El faro de Torredembarra
El faro de TorredembarraAYUNTAMIENTO DE TORREDEMBARRA

Diferentes panorámicas del litoral

Desde el faro de Torredembarra, una de las posibilidades es dirigirse hacia la comarca del Baix Penedès, tierra de poetas, músicos, escultores y dramaturgos, de artistas de renombre como Apel·les Fenosa, Àngel Guimerà, Carlos Barral y Pau Casals. Allí se puede seguir la ruta que, en primera línea de mar, tiene a Cunit, El Vendrell y Calafell como sus máximos exponentes.
En El Vendrell, a 88 metros de altitud, se encuentra el Mirador del Parc de Sant Vicenç, perteneciente a Sant Vicenç de Calders, desde donde los visitantes podrán apreciar las vistas de la sierra litoral catalana y parte de la Costa Daurada. Se puede identificar la antigua Vía Augusta de forma paralela a la línea costera, que transcurría por el municipio del Vendrell y que se convirtió en Camino Real posteriormente.
Talaia de Calafell, un mirador en el Baix Penedès
Talaia de Calafell, un mirador en el Baix PenedèsTURISME BAIX PENEDÉS
En el Baix Penedés también puede visitarse la Talaia de Calafell, con una impresionante panorámica de 360 grados del litoral gracias a su estratégica posición. Desde este punto, encabezado por el Mediterráneo, puede verse desde el Cabo de Salou hasta el Macizo del Garraf. En la cima se encuentran los restos de una torre antigua de vigilancia fechada en el siglo XVI, en la que se conservan los muros de fundamentación y el pavimento del fondo de la torre.
Una de las atalayas ubicadas en el Baix Penedés es la Giralda de l’Arboç, realizada por el vecino Joan Roquer Marí quien, tras su viaje de bodas a Andalucía, quiso imitar la arquitectura árabe que le dejó prendado. En el conjunto, datado en 1908, se levantó una réplica del Salón de los Embajadores de los Reales Alcázares de Sevilla y del Patio de los Leones de la Alhambra de Granada.
La Giralda del Arboç, con una réplica del Patio de los Leones
La Giralda del Arboç, con una réplica del Patio de los LeonesPERE FERRÉ

La escalera de Dios

La comarca del Priorat debe su nombre al prior de la orden monástica católica de la Cartuja. Fue precisamente en estos territorios ricos en vino, en un paraje enmarcado por la sierra de Montsant, donde unos monjes llegados de la Provenza en el siglo XII fundaron la primera cartuja de la península ibérica. La denominaron Escaladei, que significa escalera de Dios, porque un pastor había soñado que unos ángeles subían al cielo por una escalera apoyada en un pino. De aquella Cartoixa d’Escaladei, que sobrevivió hasta 1835, se pueden recorren las ruinas y visitar el exterior de los tres claustros, la iglesia y el refectorio, así como una celda reconstruida al detalle.
Santuario de la Mare de Déu de Montserrat, de Montferri
Santuario de la Mare de Déu de Montserrat, de MontferriALBA MARINÉ
Sin dejar el Priorat atrás, es del todo imprescindible una visita a Siurana, un pueblo encantador repleto de cuentos y leyendas, de guerreros, princesas y conquistas. Siurana fue el último reducto musulmán de Catalunya y cuenta la leyenda que la princesa, la bella Abdelàzia, prefirió lanzarse al abismo desde el acantilado antes que caer en manos enemigas. Sin embargo, su caballo, presa del pánico, intentó frenarse, aunque no lo logró. Su movimiento fue tan ferviente que una de sus herraduras dejó una marca en la roca que todavía se puede apreciar. Más allá de fábulas y mitos, en Siurana también se puede contemplar una de las vistas más hermosas de todo el territorio.
Si Siurana es una vertiginosa cornisa en el Priorat, Forès es el mirador de la Conca de Barberà, llamado así por su excepcional elevación natural con una vista superior de toda la comarca y de buena parte de la vecina, La Segarra. La belleza histórica del pueblo impulsó a los vecinos a decidir que en las casas solo se utilizaría la piedra natural en las fachadas, lo que le otorga un aire augusto y mantiene la armonía. Con menos de cien habitantes, este municipio rinde homenaje al poeta Joan Margarit, quien se refugiaba del bullicio urbano de Barcelona en Forès. El poeta, con una imagen de este municipio cubierto de nieve, ilustró su libro póstumo, Animal de bosque.
En la misma línea de transportar e interpretar un monumento en el tiempo y el espacio encontramos el santuario de la Mare de Déu de Montserrat, de Montferri, en la comarca del Alt Camp, levantado por Josep Maria Jujol a la semejanza de las montañas del Montserrat. Se inició su construcción en 1925 en la cima de la colina del Corralet, con forma de barco orientado hacia Montserrat, a partir de ciento veinte arcos catenarios. Las obras se interrumpieron a causa de la Guerra Civil y no se retomaron hasta 1989.
Las atalayas y edificios emblemáticos dispuestos para otear la Costa Daurada, ya fueran cincelados por la naturaleza o por la mano del hombre, son hoy accesibles a pie o en coche. Todos ellos, en su conjunto, explican la unión entre realidad y ficción, entre la leyenda y la historia, conformando un singular y atractivo destino para los visitantes.
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