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Por el filo de las aristas y crestas de Navarra

De entre todos los caminos posibles a la cima, las líneas abruptas de las aristas y crestas son las más directas y elegantes. Estrechos pasillos donde acariciar el cielo, sentir el vértigo y jugar con el vacío. Para suerte de los montañeros locales, los mismos ciclos orogénicos que levantaron los Pirineos y el desgaste inexorable de la piedra caliza han labrado una buena colección de ellas en las montañas navarras. Este reportaje les rinde un pequeño tributo a través de tres de los recorridos más impresionantes de nuestra región: la arista noreste de Ezkaurre, la arista sur de Balerdi y la cresta de la peña de Lapoblación.

  • Conocer Navarra
Publicado el 16/07/2021 a las 13:47
A buen seguro que cualquier lista de montañas bellas está liderada por cumbres de paredes escarpadas y aristas vertiginosas. Las formas elegantes y verticales de los célebres Cervino, Ama Dablam, Midi D´Ossau o Pico Urriellu (Naranjo de Bulnes) hacen que sus cimas sean más admiradas y perseguidas que otras de mayor altura. La altitud sólo es un aspecto para elegir la ascensión a una montaña; la majestuosidad de sus formas y su dificultad son características igualmente importantes para quienes buscan disfrutar de su vertiente más salvaje y agreste.
En la geografía de Navarra existen un buen número de montañas con estas características. Aunque no tienen ni las dimensiones ni los paredones de las cumbres anteriormente citadas, su relieve es altivo y en ellas hay espacio para poner a prueba la sangre fría y la resistencia al vértigo. Petretxema, Ezkaurre, Lakartxela, Andía, Malloas, etc., son algunas de las cimas y sierras locales en las que saborear la grandiosidad de la montaña a través de sus aéreos perfiles. Y qué mejor que adentrarse en ellas a través de sus crestas y aristas para llevar a cabo este propósito, mientras se experimenta con el vacío de sus filos y se observan los valles a vista de pájaro. Estas formas orográficas son el camino más elegante entre el cielo y la tierra para alcanzar cualquier cima y el broche perfecto para el currículum de muchos montañeros. Desde un punto de vista técnico, la mayoría de aristas y crestas de Navarra no son difíciles, aunque es necesario contar con la suficiente decisión y temple como para sortear obstáculos en forma de muros y pasadizos estrechos con técnica y agudeza, sin dejar de gestionar en ningún momento otros riesgos implícitos como la caída de piedras, por ejemplo.
Los que ya han llevado a cabo alguna ascensión por este terreno saben lo gratificante y divertido que es, no en vano el número de personas que practica este tipo de actividades ha aumentado en los últimos años y no es difícil encontrarse con otras cordadas en las aristas más populares durante el fin de semana. Las fronteras de las montañas se han ensanchado dentro y fuera de nuestra geografía y, así como hay gente que sale al extranjero para alcanzar cumbres en todos los continentes menos la Antártida, también las montañas locales reciben ascensiones por itinerarios que hace años eran inasequibles. Edward Whymper, uno de los autores de la primera ascensión en 1865 a la que puede ser la arista más famosa del mundo, la de Hörnli, en el Cervino, dejó escrito en uno de sus libros el siguiente pasaje acerca de los sentimientos de superación y logro que van ligados a este tipo de actividades:
"Nosotros, los que trepamos en la montaña, constantemente anteponemos la superioridad del propósito fijo o la perseverancia a la fuerza bruta. Sabemos que cada altura, cada paso, debe ser ganado por trabajo paciente y laborioso y que los deseos no pueden tomar el lugar del trabajo; conocemos los beneficios de la ayuda mutua; encontraremos muchas dificultades, y combatiremos y superaremos muchos obstáculos, pero sabemos que donde hay voluntad hay un camino; y volveremos a nuestras ocupaciones diarias mejor dotados para luchar la batalla de la vida y superar los obstáculos que dificultan nuestros caminos, fortalecidos y aplaudidos por el recuerdo de los hechos pasados y las victorias ganadas en otros campos”. (Edward Whymper. Trepadas en los Alpes entre los años 1860 y 1869).
Aunque explicadas con un lenguaje romántico al que no estamos acostumbrados, las motivaciones de Whymper para escalar montañas no eran tan diferentes de las que podamos tener 150 años después: la lucha, vencer a las dificultades, el compañerismo, y, por supuesto, el escapismo. Todos estos acicates y alguno más siguen dando valor a nuestras pequeñas hazañas y a la búsqueda de itinerarios difíciles hacia las cumbres.
Como es de suponer, este reportaje se centra en la ascensión de crestas y aristas en Navarra, y para ello se han seleccionado tres itinerarios en tres puntos diversos de la geografía foral: la arista noreste de Ezkaurre, la arista sur de Balerdi y la cresta de la Peña de Lapoblación.
De entre los muchos recorridos de interés que podrían ser incluidos en este reportaje, se han elegido estos tres porque poseen todos los ingredientes para considerarlos como ascensiones de primera categoría: están situados en tres zonas de gran belleza, siguen un itinerario lógico y limpio de vegetación, y permiten disfrutar a quienes las realizan de un itinerario alpino y expuesto. Las tres son excursiones de dificultad considerable y es imprescindible afrontarlas con el material y los conocimientos necesarios, además de una climatología favorable y una buena dosis de respeto por estas montañas, que contrarrestan su altura modesta con desniveles importantes y terreno difícil en caso de un contratiempo.

1. Arista ne de la peña Ezkaurre (2.047 m). En los brazos del gigante.

Punto de partida: Collado de Argibiela (1.290 m). Es el alto que une el valle del Roncal y Zuriza, nombre que se le da al alto valle de Ansó, a través de la carretera NA-2000.
Material: Arnés, cuerda de 60 m (hay seguros y emplazamientos naturales para hacer todas las tiradas en 30 m), cintas para puentes de roca, mosquetones de seguridad para las reuniones, 8 expresses y un juego de fisureros (los friends son optativos).
Tiempo: Prever entre 5 y 6 horas para la subida y 1 hora para la bajada.
El pico Ezkaurre (2.047 m) es la montaña más meridional de Navarra por encima de los 2.000 metros. Si bien este atributo le da cierta nombre, su verdadera fama reside en los paredones de roca que la custodian en sus flancos, sobre todo en el este, hacia donde esta mole extiende los poderosos brazos de su circo de roca caliza. Aunque esta parte de la montaña y la totalidad de la arista noreste se encuentran en territorio aragonés, se ha incluido su ascensión en este reportaje por la vinculación emocional de esta cima al montañismo navarro y, como no, por culminar dentro del territorio de la Comunidad foral.
La arista discurre a través del brazo noreste del circo de la montaña, alojado en la cabecera del valle de Ansó, un lugar excepcional del Pirineo donde los paredones rocosos pelean por ser los más altos y un extenso bosque de hayas y coníferas cubre su lecho. Sin duda estamos ante un paisaje digno de la mejor postal alpina, el antiguo territorio del oso pardo Camille.
De las tres crestas elegidas para este reportaje, ésta es la de mayor envergadura puesto que tiene una longitud considerable y está jalonada por numerosos tramos de escalada. Una partida de montañeros habituados al terreno alpino y al manejo de cuerdas no debería tardar más de seis horas, aunque dada las diferentes partes en que se divide y el terreno a veces incierto sobre el que discurre, es fácil que el tiempo ‘vuele’ entre los más de dos kilómetros de distancia que hay desde la base a la cima. Datos recogidos en diversas publicaciones confirman que Félix Méndez y Arcadio Larrea fueron los primeros en subir por la arista en 1956, siendo el primero un ilustre escalador de la época y presidente de la Federación Española de Montaña entre 1962 y 1970. Su ‘primera’ le valió a Méndez para que entre los montañeros más veteranos de Aragón todavía se conozca a esta ascensión como ‘Arista Félix Méndez’.
El recorrido puede dividirse en cuatro partes en razón de sus características y de su dificultad. El primer tramo es el que más desnivel salva y también el más difícil; abarca desde el inicio de la arista propiamente dicha hasta uno de sus escalones, el conocido como ‘Segundo hombro’. El itinerario es muy lógico y sigue la línea de roca pegada más o menos al filo de la cresta, con algún tramo de hierba intercalado. Existe la posibilidad de realizar diferentes variantes para sortear los pasos y las placas de roca más complicadas. En general, cuanto más pegados al filo, más fieles al recorrido original iremos. Existen protecciones in situ en los pasos más difíciles y, sin duda, estas son una buena referencia para saber si se está sobre el camino ‘correcto’. Justo antes de llegar a lo alto del ‘Segundo hombro’ se encuentran un par de pasos de hasta IV+, los más complicados de toda la subida. Están protegidos por reuniones y algunos seguros en forma de un par de clavos, un tascón de madera (ojo porque se mueve) y algún parabolt, lo que permite afrontar sus placas de adherencia con seguridad. Una de las reuniones instaladas se comparte con la vía de escalada Estel, que asciende desde la cara sur del circo. Esta continúa después de manera paralela por los resaltes de la derecha, por lo que habrá que estar atentos a no seguirla.
El segundo tramo comienza en lo alto del ‘Segundo hombro’ y termina con el rapel desde la ‘Cima Pitón’ hasta el collado. Es un tramo bonito puesto que nos permite asomarnos al abismo del circo, ya desde una posición alta, y atravesar un pasadizo muy curioso entre dos enormes piedras de roca gemelas. La única dificultad es el rapel con tendencia a la izquierda desde la ‘Cima Pitón’. Son menos de 20 metros, pero se debe estar atento y no seguir la línea recta que marca la vertical de la cuerda, ya que nos llevaría directamente al vacío desplomado del circo.
La tercera parte transcurre entre este collado y el collado entre la cima del ‘Gran Pitón’ y el ‘Cuarto hombro’. Pese a no ofrecer dificultades serias, tan sólo un paso de IV grado antes de llegar a lo alto del ‘Gran Pitón’, es importante mantener el ritmo y la concentración puesto que todavía estamos en terreno expuesto y aún nos queda más ascensión de lo que a simple vista parece. Los cien metros de descenso desde el ‘Gran Pitón’ por terreno herboso exigen precaución.
El último intervalo discurre por las laderas empinadas de la cara norte del ‘Cuarto hombro’ y la parte superior de la montaña. Aquí no hay dificultades reseñables salvo la de superar el cansancio acumulado a lo largo de la jornada. La cima, repleta de lajas de piedra colocadas a modo de obeliscos por los montañeros, es un mirador increíble desde el que contemplar casi todas las sierras de Navarra y buena parte del Pirineo aragonés occidental. El descenso de vuelta al collado de Argibiela se realiza en su totalidad por la GR11; no tiene ninguna dificultad salvo que nos encontremos niebla en la zona amplia y ondulada de la cima, en cuyo caso deberemos estar atentos para no desorientarnos ya que en esta parte el camino es un poco más difuso. Información más precisa en wikiloc: wikiloc: http://www.wikiloc.com/wikiloc/view.do?id=15417156

2. Cresta de la Peña de Lapoblación (1.244 m). A lomos del león dormido

Punto de partida: Meano (920 m), situado en la comarca de Estella Occidental, a 23 km de Viana y a 52 km de la misma Estella.
Material: Arnés, cuerda o cordino de 30 m, cintas para puentes de roca, 6 expresses y un juego de fisureros.
Tiempo: Prever 4 h y 15 min para la subida y 40 min para la bajada.
Del extremo oriental de Navarra, pasamos al occidental para detallar otra bellísima ascensión: la cresta de la Peña de Lapoblación. De un entorno pirenaico de alta montaña a otro que, aún conservando paredes de dimensiones considerables, es una mezcla de dos ecosistemas bien distintos: bosque de hayas y mixto al norte de la cresta y monte bajo mediterráneo al sur. La Peña de Lapoblación (1.244 m), y el Monte del Tajo (1.201 m), su continuación al este, son parte de la barrera natural que recorre la mitad occidental del norte de la península y que hace de frontera climática entre el norte húmedo atlántico y el sur seco de la meseta. Las vistas en lo alto de la cresta permiten saborear este paisaje a dos tonos desde una posición privilegiada. Además, este itinerario es una estupenda excursión hasta uno de los confines más remotos de la geografía navarra, allá donde las fronteras de la Comunidad foral chocan con las de Álava y La Rioja.
La Peña de Lapoblación, también conocida como La Picota, la Peña del Castillo o El León Dormido, es la prolongación al este de la Sierra de Toloño, que es a su vez un alargamiento de la Sierra de Cantabria, una imponente barrera de roca caliza de más de 50 km que en su devenir atraviesa las provincias de Burgos, Álava, La Rioja y Navarra. Esta sierra es un paraíso para los amantes de las alturas pues cuenta con numerosas aristas; más al oeste se encuentra la muy recomendable cresta de Palomares y numerosas rutas de escalada; en la cara sur de la cresta se alojan una cincuentena de vías equipadas, algunas de ellas de hasta 100 metros de altura.
Esta corta pero intensa actividad ofrece algunos de los pasos más memorables sobre arista que se puedan realizar en Navarra. Un buen equilibro y los nervios bien templados son imprescindibles para pasar por los finos tramos alrededor de una V conocida como ‘la Brecha’. Con razón, esta cresta puede presumir de ser una de las más espectaculares y aéreas de la zona. Asimismo, la cresta de Lapoblación transcurre en un entorno natural muy rico en viñedos y monte bajo al sur y bosque de hayas, carrascas y quejigos al norte. Los contrafuertes de roca caliza de la Sierra de Cantabria, al oeste, y la Sierra de Codés, al este, ponen el telón de fondo ideal a esta actividad de montaña.
Al igual que en la arista de Ezkaurre, la realización de la cresta de Lapoblación exige estar preparado para afrontar una vía de montaña con pasos muy aéreos entre el tercer y el cuarto grado. Por otra parte, la longitud y el desnivel del recorrido son considerablemente menores, y el tiempo de la zona es en general más estable, lo que permite que esta excursión se pueda llevar a cabo durante cualquier mes del año.
La actividad a lo largo de la cresta se puede dividir en cinco partes:
La primera de ellas comprende la ascensión a la parte superior de la cresta por su proa este. Es un tramo que ofrece diferentes opciones según por donde se decida acometer la subida: hacia el sur, donde el filo es más obvio y prominente, es donde se pueden encontrar las mayores dificultades, hasta IV+. Yendo hacia el norte, más alejados del filo, entre las pendientes de hierba y matorral, las dificultades decrecen hasta el II grado. El segundo tramo, la parte este de la cresta, nos hará calentar los músculos y la cabeza por un terreno sencillo entre el II y el III grado hasta llegar a la tercera parte, la que se conoce como ‘La Brecha’. Aquí la cresta forma una pronunciada V con una caída vertiginosa a ambos lados. La bajada y la subida por esta V son un ejercicio de equilibrismo que hará asomar el vértigo hasta a los montañeros más experimentados. La parte oeste de la cresta es el cuarto tramo y discurre desde lo alto de ‘La Brecha’ hasta el collado que forman el Monte del Tajo (insertado también en la brecha) y la peña de Lapoblación, siguiendo un pasillo estrecho y aéreo que cuenta en algunos puntos con caídas a los lados de hasta casi un centenar de metros. Esta parte es como un divertido tobogán que además cuenta con una pequeña brecha de III+ a la que también se le debe prestar atención. El quinto y último tramo va desde el collado a la cima de la peña y discurre por el camino normal. Éste es ancho y muy bien marcado, y es el que se utiliza también para la bajada, rápida y sin ninguna complicación.
Información más precisa en wikiloc: http://www.wikiloc.com/wikiloc/view.do?id=15429115-

3. Arista sur de Balerdi (1.195 m). La proa de hierba y piedra.

Punto de partida: Gaintza (380 m), pueblo situado en el valle de Araitz, a 47,5 km de Pamplona.
Material: Arnés, cuerda o cordino de 30 m, cintas para puentes de roca, mosquetones de seguridad para las reuniones, 6 expresses y un juego de fisureros.
Tiempo: Alrededor de 4 h 30 min para la subida y un par para el descenso.
La última de las propuestas de este reportaje nos lleva a unos de los parajes más espectaculares de Navarra: las Malloas, o Malloak en euskera. Este imponente circo de piedra caliza y prados suspendidos que se levanta sobre el valle de Araitz es un regalo para los amantes de la montaña. En sus 6 km de longitud y más de 1.000 metros de desnivel en algunos puntos, se hallan algunos de los itinerarios más vertiginosos de la región. La arista sur de Balerdi (1.195 m) o Mallozarra, como también es conocido, es el más osado de todos al atravesar el muro de praderas resbaladizas y peñascos verticales en la proa del extremo norte del circo por un expuesto contrafuerte. Se trata de un itinerario magnífico que contiene las particularidades necesarias para hacer de él un gran día de montaña: pasos sostenidos alrededor del III y IV grado en su primera parte, una buena sensación de vacío en su parte superior y continuas vistas cenitales a uno de los enclaves de Navarra más verdes y bellos.
La arista sur de Balerdi quizás sea, de entre los tres seleccionados, el recorrido más fácil, al menos desde un punto de vista técnico, aunque de ninguna manera se debe menospreciar el terreno por el que transcurre. Fue escalada por primera vez por Francisco Lusarreta y Ángel Fernández en 1959, siendo el primero de ellos un reconocido aperturista de la época e integrante de la primera expendición vasca al Everest en 1974. Este dato nos muestra que por aquel entonces la realización de estas actividades estaba reservada sólo a los mejores montañeros, y nos muestra la rápida evolución que el montañismo ha tenido en tan sólo unas décadas ya que hoy en día la arista sur de Balerdi recibe numerosas ascensiones.
Pese a que las dificultades técnicas son escasas y no llegan al IV grado más que en una pequeña sección, la arista es una empresa tan delicada como las de Ezkaurre o Lapoblación. No debe de ser subestimada. Las praderas escarpadas de hierba de las Malloas pueden ser letales cuando están mojadas y, desgraciadament,e en el pasado ya han ocurrido accidentes fatales a causa de un resbalón sobre la hierba húmeda. Los habitantes del valle de Araitz llamaban ‘malloak ‘a los prados suspendidos del circo y de ahí se pasó a denominar a todo el macizo con dicho nombre. Antaño, los segalaris locales cortaban la hierba en sus pendientes asegurados por sogas, lo que indica muy bien el tipo de terreno en el que se desarrolla esta actividad. Buena parte del itinerario transcurre por estas praderas y en la parte alta de la arista existen pasos expuestos con pocas posibilidades de aseguramiento. Es por ello que se aconseja intentar este recorrido sólo con tiempo seco y muy estable.
Tanto Gaintza como Azkarate pueden ser el punto de partida de esta excursión, y en cualquiera de las dos opciones es fácil salirse del camino para acabar luchando con la densa vegetación de la zona. Esta descripción opta por comenzar desde el primero (el recorrido está colgado en wikiloc), desde donde se llega a la base del contrafuerte en una hora aproximadamente. La primera parte de la ascensión comprende el espolón de roca que conforma el tramo inferior de la cresta, desde una placa fina de IV grado que pone a prueba la adherencia de nuestro calzado (evitable con un rodeo por la izquierda) hasta lo alto de un diedro de manual de III+, ligeramente escondido a la izquierda de la línea de la cresta. Es en este tramo en el que más se disfruta de la escalada en sí. El segundo es una rampa herbosa que asciende por la arista que forma el contrafuerte sur de la proa de Balerdi. Es un tramo sencillo que hace ganar altura fácilmente hasta alcanzar un gran hombro a 900 metros de altura. Aquí comienza el tercer y último tramo, un pasillo sobre la cresta herbosa que parece estar suspendido entre el cielo y las paredes de Balerdi. Pese a no ser difícil se puede considerar este tramo como delicado, ya que se deben remontar varios muros de hierba con escasa o ninguna posibilidad de aseguramiento. La elegancia con que el filo de la arista sur de Balerdi nos conduce a la cima es absoluta: a un lado el circo de las Malloas, y al otro, casi mil metros más abajo, los pastos y los caseríos del valle de Araitz. Paradójicamente, el descenso comienza con un pequeño ascenso todavía en la cresta hacia el Artubi. Se trata de un tramo con mucha caída a los lados y en el que no se puede bajar la guardia. Desde el Artubi, el camino se aleja definitivamente de la verticalidad y acomete las praderas suspendidas que bajan directamente al valle. Es un descenso que no tiene peligros objetivos pero si el riesgo de acabar ‘con el culo en el suelo’ en más de una ocasión, dado lo resbaladizo que es el terreno de las Malloak.Información más precisa en wikiloc: http://www.wikiloc.com/wikiloc/view.do?id=15294489-
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